Fernando Wilson, Doctor en Historia y profesor de la Universidad Adolfo Ibáñez

La sociedad que no teme dejar claro sus límites

22 de marzo de 2021

Estados Unidos, a inicios del año 2021 vive, sin lugar a dudas, una situación difícil. El Presidente Biden debe de manejar un complejísimo panorama político, donde los grupos extremos tanto de su propio Partido Demócrata como del muy dañado Partido Republicano deben de ser contenidos para conseguir recuperar algo de la amistad cívica que siempre caracterizó al Congreso norteamericano y, especialmente, a su Senado. Mientras los grupos de izquierda del Partido Demócrata, liderados por el Senador Sanders y The Squad, como es apodado el grupo de parlamentarias jóvenes lideradas por Alexandria Ocasio Cortés, buscarán un incremento de impuestos y del rol del Estado; la facción pro Trump de los Republicanos buscará potenciar el rol del ex Presidente, pensando el las elecciones del 2024, rechazando cualquier llamado a la sensatez. En una escena así, Biden debe de enfrentar la Crisis de la Pandemia, que lejos de disminuir, cada día parece alcanzar nuevos máximos, y paliar la brutal crisis económica derivada de ella y las restricciones a la vida diaria. Sin dudarlo, un problema complejo para un líder que ha hecho público que busca gobernar solo un periodo, debido a su edad. Un panorama así es sin duda un desafío enorme y podría desanimar al más pintado, pero es en estas situaciones donde los Estados Unidos encuentra su mayor fortaleza. Ellos consideran que su Nación es un proceso continuo de desarrollo. Están muy lejos de pensar que su sociedad ha alcanzado una estabilidad social e institucional como la vieja Europa. Si Gran Bretaña plantea que el núcleo de sus instituciones se consolidó entre 1215, con el otorgamiento de la Carta Magna, y 1688-89, con la Gloriosa Revolución y la suscripción del Bill of Rights, los Estados Unidos están aún a poco más de dos siglos de su Independencia y redacción de su Constitución, poco más de un siglo y medio de su Guerra Civil y aún dentro del lapso vital de los protagonistas de la lucha por la integración racial o los Derechos Civiles. Esa flexibilidad, que uno se siente tentado en considerar liquidez en el sentido de Baumann, les permite acomodar conflictos que pueden (y en este caso probablemente, sean) extremadamente serios y graves, pero que pueden ser incluidos en la construcción de sus valores institucionales básicos. De la misma forma, y tan importante como esa liquidez, es el establecimiento de límites. La indignación ante el asalto al Capitolio a principios de enero de este año, se vuelve un límite claro ante la pretensión de algunos de forzar el proceso político más allá de los acuerdos y tensiones razonables dentro de una República. Hay un punto de detención. Y es que es cierto, mucho está ocurriendo, pero no puede ser la excusa para cualquier actitud. Está la Pandemia en sí misma, pero también la irrupción de las redes sociales, el cuestionamiento de la Ciencia y la Conspiranoia ya venían haciendo su parte en la relación social y política de los Estados Unidos desde antes, la propia elección de Trump es demostración de aquello. Convengamos que en el resto de Occidente también, pero está claro que hay cosas que van demasiado lejos, y en los Estados Unidos, la sociedad no teme dejar claro cuándo eso es así. En otras partes de Occidente, lamentablemente no ha sido así.

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