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Elizabeth Holmes

La estrella caída de Silicon Valley

La treintañera que llegó a ser una de las jóvenes mujeres más ricas del mundo prometía revolucionar el mundo de la medicina, al poder diagnosticar complejas enfermedades con tan solo una gota de sangre y de forma mucho más económica que un laboratorio. Su empresa llegó a valer US$9 billones que es un poco menos del doble de la exportación anual de frutas de Chile en valores FOB. ¿El problema? Casi todo era mentira.
Más Noticias 2 de diciembre de 2020
Por Catalina Wallace / Fotografía: HBO

El 2015 Elizabeth Holmes, fundadora de la compañía Theranos, encabezó la lista Forbes de las mujeres más ricas que crearon sus propias fortunas en Estados Unidos con un patrimonio neto de US$4.500 millones, lo que además la convertía en la multimillonaria más joven del mundo con tan solo 30 años.

Con un marcado estilo personal, Holmes, se caracteriza por su pelo rubio, sus grandes ojos azules que miran fijo casi sin parpadear, una voz grave impostada y siempre se le veía vestida con un beetle negro haciendo referencia a su ídolo Steve Jobs, magnate de los negocios en el sector informático y cofundador y presidente ejecutivo de Apple. Lo que tenían en común Holmes y Jobs era que, si Jobs había revolucionado el mundo de la informática, Holmes lo haría en el mundo de la medicina.

A sus 19 años Elizabeth desertó de la prestigiosa universidad de Stanford para crear su propia compañía: Theranos. Su startup estaba enfocado en la biotecnología, específicamente su idea era que, con tan solo una gota de sangre, podía realizar más de doscientos exámenes médicos de una forma mucho más rápida y económica que los laboratorios convencionales. Quien realizaría los exámenes ya no sería una persona, sino que “The Edison”, una máquina en forma de cubo, similar a una impresora que era capaz de realizar estos complejos exámenes en poco tiempo, pudiendo incluso predecir si una persona iba a desarrollar diabetes o cáncer.

Con esta startup, que cambiaría y mejoraría la salud de todas las personas, la joven rubia de Silicon Valley fue nombrada en Estados Unidos embajadora de innovación, estuvo en la lista de las mujeres del año, se codeaba con el ex presidente Bill Clinton, asistía a las comidas de la Casa Blanca y entre sus inversores destacan Rupert Murdoch -empresario, inversor y magnate australiano nacionalizado estadounidense, director ejecutivo y principal accionista de las compañías Fox News-, y Henry Kissinger, ex secretario de Estado y miembro del directorio de la empresa, entre otros. Fue tal el éxito de su empresa que llegó a valer US$9 billones que es un poco menos del doble de la exportación anual de frutas de Chile en valores FOB.

¿Qué pasó con Theranos, Holmes y su idea que revolucionaria el mundo?
Casi todo era mentira.

La empresa que al principio se llamó Real Time Cures y después rebautizó como Theranos, (acrónimo de las palabras en inglés terapia y diagnóstico) fue fundada en 2003 en Palo Alto, California, y logró recaudar más de US$900 millones mediante capitales de riesgo e inversionistas privados. Además de su aparente seguridad, una de las ventajas que tuvo Holmes y que la ayudó a que sus inversores confiaran en ella y su proyecto, fue que era hija de Christian Holmes IV, quien fue vicepresidente de Enron, firma célebre de la economía norteamericana que en 2001 se declaró en quiebra, desatando una debacle financiera. Mientras que su madre, Noel Holmes, trabajaba en el Capitolio como asistente de un congresista. Y su abuelo, Christian Holmes, era cirujano e ingeniero, además de decano de Medicina de la U. de Cincinnati, donde existe un hospital con su apellido.


Logró recaudar US$900 millones mediante capitales de riesgo e inversionistas privados.


Si bien la empresa por muchos años funcionó de forma silenciosa y en completo hermetismo, generando mucha curiosidad sobre su funcionamiento y sobre Holmes, lo que sí se sabía era que la rubia empresaria se mostraba austera, no tomaba vacaciones y comía en la oficina para incentivar el espíritu trabajador de sus empleados. Lo que no se sabía era que gastaba el patrimonio de la empresa en costear su jet privado, personal de seguridad, su casa y exclusivas carteras Hermès.

Quienes conocían lo que realmente ocurría al interior de Theranos eran sus empleados, que llegaron a ser alrededor de 800, a quienes Holmes amedrentaba o despedía cada vez que osaban criticarla. Todos quienes trabajaban ahí firmaban un acuerdo de confidencialidad impidiendo que saliera a la luz lo que ocurría tras bambalinas. Un método que utilizó Holmes para que ninguno de sus empleados pudiera filtrar información fue separarlos a todos en pequeños grupos que funcionaban de forma independiente sin comunicación entre ellos, así nadie tenía un completo conocimiento de lo que ocurría o de qué tan avanzado estaba “The Edison”. Solo Holmes junto a Ramesh ‘Sunny’ Balwani, ex director de operaciones y ex pareja de Holmes, 20 años mayor que ella, sabían lo que realmente ocurría: La máquina era incapaz de hacer lo que Holmes prometía con tan solo una gota de sangre, tampoco podía predecir el desarrollo de ciertas enfermedades y no sería tan económico como ella pretendía.

El mismo 2015, cuando Holmes encabezó la lista Forbes, el diario Wall Street Journal realizó una investigación a Theranos a cargo del periodista John Carreyrou, quien develó el fraude y surgieron investigaciones anexas que comprobaron además que los laboratorios de Theranos no pasaban las pruebas mínimas de seguridad e higiene exigidas por la ley. Según se reveló tiempo después, Holmes al enterarse de la publicación de este artículo se reunió con Rupert Murdoch, uno de sus inversionistas, quien también es el presidente ejecutivo de News Corp, dueño del Wall Street Journal, y le pidió que no publicaran la nota, argumentando que los datos recolectados estaban incorrectos, a lo que Murdoch le respondió que confiaba en el trabajo de sus periodistas. La inversión que Murdoch había hecho en Theranos ascendía a los US$125 millones. Al enterarse del fraude vendió sus acciones por tan solo un dólar, retirándose del “sangriento” negocio.


La máquina era incapaz de hacer lo que Holmes prometía con tan solo una gota de sangre.


La empresa tuvo que cerrar sus puertas en septiembre de 2018, mientras el cuantioso patrimonio se desvaneció en el aire. El mismo año la Comisión de Bolsa y Valores de EE.UU. (SEC) acusó a Theranos, Holmes y Ramesh Balwani de conspirar para estafar a inversionistas, doctores y pacientes al realizar falsas promesas sobre la confiabilidad y efectividad de la tecnología de Theranos entre 2013 y 2016. A Holmes le aplicaron una multa de US$500 mil y debió aceptar ser impedida de actuar como alta ejecutiva o directora en una empresa abierta por 10 años. Ambos exejecutivos se declararon no culpables.

A principios del 2020 el juez a cargo del juicio criminal contra la fundadora y ex-CEO de Theranos, y el expresidente de la empresa redujo el alcance de las acusaciones al determinar que los fiscales no pueden argumentar que los doctores y los pacientes asegurados fueron víctimas de fraude.

Fue tan grande el escándalo al interior de Silicon Valley que llegó a la pantalla chica, con un documental de HBO llamado «The Inventor: Out for Blood in Silicon Valley», dirigido por Alex Gibney, quien antes destapó los secretos de la Cienciología en «Going Clear» y examinó a Steve Jobs en «The Man in the Machine». En el documental, Gibney se centra en Elizabeth Holmes, con quien sostiene entrevistas y se puede ver algo de la hermética y particular personalidad de la joven. Además, su historia llegó a la literatura, inspirando un libro llamado “Bad Blood: Secrets and Lies in a Silicon Valley Startup», escrito por el mismo periodista de Wall Street Journal, que fue un éxito de ventas, y del que se usó para hacer una película homónima protagonizada por Jennifer Lawrence.

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