PERSONAJE | Ulrike Broschek, Subgerente de Sustentabilidad en Fundación Chile y Directora de Escenarios Hídricos 2030

“Esta enfermedad aguda se puede volver crónica”

La crisis hídrica que vive Chile y la dirección que deberían tomar las políticas públicas en este escenario que ya es irreversible para algunos territorios, son algunas temáticas que se abordan en esta conversación con Visión Frutícola. La ejecutiva plantea que el trabajo articulado es fundamental si queremos revertir la situación actual y crear conciencia respecto del uso del agua.
Por Marcela Venegas Hartung Fotografías: Isabel Arís Alonso
1 de agosto de 2022

Químico ambiental de la Universidad de Chile, Ulrike Broschek, nació en Estocolmo, Suecia, y a los 15 años llega a Chile con su familia. Al corto andar nació en ella la vocación por hacer algún aporte al país. Comenzó considerando la carrera de medicina, pero se dio cuenta de que sus intereses no iban por ese camino. “Se me presentó la oportunidad de estudiar química ambiental mientras cursaba el bachillerato. Me di cuenta de que en este tema no había mucha demanda ni interés y que, dedicándome al cuidado del medio ambiente y la naturaleza, podría lograr una contribución importante. Así fue como llegué a la carrera”, comenta.

Ya terminando sus estudios, la Fundación Chile – institución público- privada que desde hace 46 años busca impulsar la transformación del país hacia el desarrollo sustentable- le ofreció un trabajo para realizar su tesis de título en el desarrollo de tecnologías para tratar aguas con contaminantes. Fue así como partió trabajando en el laboratorio, desarrollando tecnologías para el tratamiento de aguas residuales con distintos contaminantes, para luego migrar a proyectos relacionados con la contabilidad de huella hídrica, con trabajo más territorial en desarrollo de estándares y herramientas de gestión hídrica en empresas y gobernanzas locales. Hoy ocupa el cargo de Subgerente de Sustentabilidad en la fundación y lidera Escenarios Hídricos 2030, iniciativa multisectorial que trabaja para acelerar la implementación de soluciones hídricas concretas, articulando la generación de propuestas e insumos para una nueva política y modelo de gestión hídrica nacional, con participación de todos los sectores y un rol activo de liderazgo por parte del Estado. Es en este punto que, con su equipo de trabajo, se dieron cuenta de que había muchas tecnologías, muchas opciones en el mercado, pero no se estaban implementando. “Vimos que faltaban espacios de gobernanza, existía una falta de coordinación, falta de mirada territorial para impulsar en políticas públicas soluciones más sistémicas y tecnologías sostenibles en materia hídrica”, agrega.

¿Cuál es el diagnóstico al que llegó el equipo que lideras?

Como equipo estamos preocupados por la situación hídrica. Hemos trabajado mucho con datos y con información oficial que disponemos para entender el problema, integrándola junto a universidades y centros nacionales e internacionales especializados que nos han apoyado en diversas temáticas, construyendo nuevas miradas y análisis. Desde la objetividad de la información, los datos nos han sorprendido en lo negativos y complejos que son, en lo grave y profunda que es la situación. Nosotros ya en 2018 vimos esto, cuando sacamos la Radiografía del Agua, nuestra primera publicación y que fue justo antes del 2019 cuando se agravó la situación y ocurrió la gran sequía de ese año. Cuando lo publicamos muchos nos acusaron de ser dramáticos y negativos, cuestionaron la información y análisis de gente especialista. Sin duda el problema es muy profundo, severo y, en algunos casos y territorios, sí es irreversible.

¿Cómo llegó Chile a la crítica realidad que vive hoy respecto del tema hídrico?

Hemos estado en una situación de inmovilismo con una expectativa cruzada incumplida, los sectores productivos han estado en una suerte de observación de cómo se toman las decisiones, esperando que el Estado subsidie e intervenga para resolver el problema, pero el Estado a su vez ha dejado funcionar al mercado y claramente éste no fue capaz de prevenir la situación que estamos viviendo hoy. Cuando uno analiza cómo han salido de crisis hídricas otros países a nivel mundial, ha habido un denominador común y es que el Estado ha liderado procesos de cambio importantes, con capacidad técnica robusta, de trabajo dedicado y muy serio por varios años, y acá todavía no se ha generado el punto de inflexión, todavía tenemos la mirada tradicional e individual, entonces solamente se está agravando el problema. Ahí surge obviamente todo el interés por el agua, la importancia para todos los sectores y cómo cada uno está apelando por su desarrollo y sostenibilidad. Lo que falta entender es que esto debe venir de una mirada de conjunto, puesto que, si uno colapsa, finalmente todos colapsan, eso todavía no ha quedado muy claro. Creo que el riesgo más grande que tenemos es que esta enfermedad aguda se puede volver crónica. Usando las palabras de Axel Dourojeanni, que trabajó con nosotros y es un experto mundial en el tema, cuando esto pasa, dejamos de reaccionar y de ser capaces de actuar frente a la enfermedad, entonces nos vamos empobreciendo gradualmente como país, y eso se nota en el proceso de desertificación y degradación de suelos que va avanzando hacia el sur del país y la disminución de la diversidad productiva que tenemos en los territorios de la zona norte y central de Chile.

¿Qué lugar crees que tiene el sector productivo? ¿Por qué no ha sido capaz de articularse y prever las consecuencias que vivimos hoy?

Creo que el sector productivo ha sido muy observador y pasivo, en general es poco proactivo, reaccionando negativamente a nuevas exigencias, y mientras tanto busca sus propias soluciones para sostenerse. Pero, por otro lado, el sector productivo es motivado cuando los invitas a participar, nosotros en Escenarios Hídricos 2030 lo hicimos y siempre estuvieron trabajando, entonces no es que no quieran colaborar, pero la ausencia de Estado no da un espacio de coordinación y compromiso. Cada vez que se han generado espacios de trabajo conjunto en los territorios, ha existido una gran motivación de parte de las comunidades, de parte de los sectores productivos, y quienes se han bajado de las mesas ha sido el Estado, el servicio público. Tampoco pueden actuar sin el Estado, porque se requiere vincular la toma de decisiones a inversiones en soluciones. Si miramos internacionalmente cómo funciona esto, las gobernanzas hídricas a niveles de cuenca, que son la unidad base de gestión, son una institucionalidad formal que sí funciona en el mundo, entonces cómo no habría de funcionar acá. Creo que falta un rol de liderazgo del Estado, de generar los espacios de coordinación públicos y privados, sin abandonar, ya que sin la debida participación del ejecutivo entregando la información, el conocimiento técnico, apoyando en hacer el seguimiento de avances, haciendo política pública para habilitar lo que el organismo de cuenca va decidiendo, resulta imposible.

Hay datos que se repiten, como que el 80% del agua que está en la cordillera se pierde en el mar, y que se trata de agua que se podría utilizar. ¿Eso es así?

El agua no se pierde en el mar, como primer punto, el agua tiene que desembocar en el mar, porque eso genera un equilibrio del ciclo hidrológico y genera el hábitat para la acuicultura, para la pesca, para los humedales costeros, evitando la intrusión salina, por lo tanto, el agua no se pierde en el mar. Lo que sí tenemos son lluvias más intensas donde cae mucha agua en cortos periodos de tiempo, por lo que tenemos que ralentizar el agua dentro de los valles y las cuencas para recargar nuestras napas, almacenar esas aguas y aprovechar al máximo el recurso antes que llegue al mar.

¿Qué pasa con los megaproyectos como la carretera hídrica o similares?

Vienen desde la lógica del Ministerio de Obras Públicas, que siempre ha liderado proyectos de infraestructura y obras. Lo que hemos visto en otros países como Estados Unidos es que estas grandes obras están llegando todas a su vida útil y tienen que reponerlas a un costo muy alto. Las comunidades cada vez más no quieren obras grandes, sino que desarrollos locales y que esto genere un beneficio compartido. Si me van a poner un embalse al lado de mi comunidad, sin un aparente beneficio para ella, por supuesto que no voy a querer ese proyecto al lado de mi casa, con el riesgo que eso implica y con el efecto que puede generar. Entonces, existe cada vez más restricciones socioambientales para materializarlas. Es importante decir que estas mega obras se han presentado hasta ahora como la gran solución, para tal vez dar esperanza, pero realmente hoy día nuestras demandas de agua son superiores y no existe ninguna que pueda atender los problemas que tenemos en los territorios. Por ejemplo, en la cuenca del Maipo si quisiéramos atender la brecha de agua que existe, significaría poner 15 mega desaladoras y eso no es factible. Si pensamos solo en desalación esto significa mucho en términos de magnitud, pensando en el tamaño de la planta desaladora más grande de Sudamérica que se está construyendo ahora por parte de la minera Escondida en Antofagasta, que está proyectada para entregar hasta 4 mt3/s de agua. Entonces obviamente no podemos imaginar 15 mega desaladoras en una sola cuenca, que no tiene ni siquiera el espacio físico para que sea viable. Debemos entender que nuestro problema es complejo porque no hay una sola solución, sino que es un conjunto amplio de ellas y tendremos que hacerlas todas.

“Desde la objetividad de la información, los datos nos han sorprendido en lo negativos y complejos que son, en lo grave y profunda que es la situación.”

¿Sirve mirar la experiencia internacional o la realidad de Chile es muy distinta a la de otros países?

Creo que siempre tenemos que mirar hacia fuera para aprender de las lecciones, qué es lo que ha funcionado y la evolución de hacia dónde esos países van. Nosotros no tenemos tiempo, no podemos estar probando cosas para ir avanzando, porque tenemos una crisis inminente que ya está instalada, y tenemos que tomar estos aprendizajes e ir implementando en función de lo que el resto del mundo está haciendo. Hoy día, si miramos la agricultura en el mundo en general, Israel, Australia y el caso de Estados Unidos, lo que ellos están haciendo es riego tecnificado, automatizado, en Israel ya pasaron a riego subterráneo. También se está usando bastante los invernaderos verticales, para disminuir el uso de suelo y consumo de agua, sobre todo para el desarrollo de hortalizas y se han generado una serie de incentivos para que esto se vaya materializando. En Estados Unidos, que venía de soluciones de grandes infraestructuras, hoy día están migrando a soluciones más enfocadas en la naturaleza y con mucha más regulación del riego, con un desarrollo agrícola más sustentable.

Por otra parte, en otros países se cobra un costo bastante importante por el uso de agua, y aquí, si bien las organizaciones de usuarios del agua pagan una tarifa por la administración, no tenemos un pago por el valor real de lo que cuesta el agua o su reemplazo en caso de que dejara de existir. No está bien valorizado el agua en Chile y por eso es que tampoco tenemos incentivos para usarla de manera eficiente.

Según tu mirada ¿cómo se ha llevado el tema en países agrícolas de Sudamérica cómo Perú o Colombia, entre otros?

Es interesante destacar el avance de varios países latinoamericanos en gobernanza hídrica e institucionalidad de recursos hídricos. Chile es de los países más atrasados en este ámbito. Destaca el avance de hace más de 15 años de México, Brasil y Perú en la formalización de Agencias y Autoridades Nacionales de Recursos Hídricos y la constitución de organismos de cuenca. Ahora están más enfocados en la implementación de soluciones donde han avanzado en las basadas en la naturaleza y técnicas ancestrales para el abastecimiento de agua potable en ciudades y comunidades rurales. Si bien han tenido dificultades y aún les falta camino por avanzar, cuentan con una institucionalidad y gestión participativa descentralizada, con mecanismos de financiamiento para sostener la gestión. Esto les da una ventaja importante respecto del proceso que nosotros tenemos por delante.

En la nueva constitución viene nombrada una autoridad hídrica y/o un ministerio ¿Cómo ves ese tema, hay voluntad de que eso de verdad cambie?

Lo que he visto de todo el trabajo que hemos hecho, con muchísimas organizaciones – fueron más de 350 que participaron desde Arica y Parinacota a la Región de Los Ríos, en un proceso súper amplio con todos los sectores en distintas cuencas – es que existe transversalidad en torno al tipo de institucionalidad que se requiere en Chile, y que es lo que se plasmó en el borrador de la nueva Constitución, que es una Agencia Nacional de Recursos Hídricos y los organismos de cuenca. Esta propuesta surgió desde tres sectores distintos: ChileVamos, el colectivo socialista y la Lista del Pueblo, después se armonizó en una y se aprobó en el pleno con amplísima mayoría.

“Nosotros no tenemos tiempo, no podemos estar probando cosas para ir avanzando, porque tenemos una crisis inminente que ya está instalada, y tenemos que tomar estos aprendizajes e ir implementando en función de lo que el resto del mundo está haciendo.”

Sin embargo, hay ciertos sectores que todavía apuntan a una Subsecretaría de Recursos Hídricos en el Ministerio de Obras Públicas, que es la propuesta que hoy está en el congreso como proyecto de ley. Creo que, en este tema, el más amplio acuerdo es que necesitamos una agencia autónoma independiente de los ciclos políticos y de un sector o ministerio, tiene que ser supra ministerial, con capacidad para tomar decisiones con base técnica y no política, en un trabajo de colaboración amplio y con una vinculación directa en las cuencas, a través de lo que son los organismos de cuenca para la gobernanza más descentralizada de los recursos hídricos y la participación de todas las comunidades y sectores de esas gobernanzas locales. Ahí es donde está el amplio consenso, y lo que nosotros levantamos en octubre de 2021, cuando lanzamos la propuesta de institucionalidad, luego de haber hecho ese proceso, nos pone súper contentos que se refleje hoy en la Constitución bajo un acuerdo transversal. Eso demuestra que el trabajo que hicimos, realmente recogió la voluntad territorial y estuvo bien hecho, para nosotros eso es muy valioso.

Si se logra establecer esta nueva figura, existe una transición hídrica que tenemos que vivir que implica recursos y un Estado no puede hacerse cargo de todo. En base a la experiencia internacional, ¿cómo se podría lograr esta transición hídrica?

Creo que se tiene que hacer y buscar la “costo-eficiencia”. Si miramos todo el espectro de alternativas para resolver el problema hídrico y aumentar la disponibilidad de agua, optimizando los consumos que tenemos, hay soluciones y esa es la buena noticia. Existen opciones a corto plazo y de menor costo, que generan además un beneficio ambiental, social y económico. Esas son las soluciones en base a la naturaleza y la eficiencia hídrica.

Contrariamente a esto y a la tendencia mundial que va en este camino, la política pública en Chile ha estado y sigue muy enfocada en grandes obras y, alternativas como la desalación, carreteras hídricas, profundización de pozos, canalización de ríos y obras en general de infraestructura de cemento, que es más caro, contaminante en algunos casos con efectos negativos socioambientales y toma más tiempo de generar. Entonces, en contexto de crisis climática mundial la costo-eficiencia te está diciendo que primero tienes que partir por beneficiar el ciclo natural del agua, que es la infraestructura natural que tenemos, fomentarla, protegerla y conservarla para que siga funcionando bien y que es parte del problema que hemos provocado, ya que hemos ido degradando sistemas básicos de provisión de agua como los acuíferos, la sobre explotación de los lechos de ríos, humedales, entre otros que hemos secado y drenado. Debemos recuperar y reparar estos ecosistemas que son críticos para entregarnos agua naturalmente, porque esa es el agua más barata que podemos tener. Cualquier alternativa de nueva fuente de agua artificial es varias veces más cara. Por otro lado, también tenemos que gestionar mejor la demanda de agua, o sea usar bien la que tenemos y usarla de manera estratégica, ya que tenemos grandes ineficiencias en el proceso productivo, el sector de agua potable y saneamiento pierde el 30% del agua en los sistemas de conducción de agua potable, la eficiencia del agro en Chile es de aproximadamente un 50%, cuando el estándar mundial te dice que puedes llegar hasta un 90% de eficiencia. Cuando Chile está enfrentando la mayor sequía de su historia no es coherente perder esta cantidad de agua, por lo tanto, tenemos una brecha importante que debemos ir abordando.

¿Y en una segunda etapa?

Luego, tenemos que planificar y diseñar las nuevas fuentes de agua que vamos a necesitar en las zonas donde ya hemos desarrollado toda la eficiencia y soluciones basadas en la naturaleza, pero nos falta agua para sostenernos. Ahí aparecen alternativas como el reúso de las aguas residuales tratadas, por ejemplo, y la desalación, pero esta última viene a complementar una matriz de oferta de agua cuando ya hicimos lo anterior. Hoy estamos proliferando y sobredimensionando desaladoras a un muy alto costo económico-ambiental para nuestro país y las futuras generaciones y no estamos haciendo lo otro.

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