Rosario Bazán, CEO y cofundadora de Danper

“Los empresarios estamos llamados a ser agentes de cambio para contribuir a romper el círculo vicioso de la pobreza”

Valiente, fuerte, sensible y muy comprometida con las personas y su país son características que definen a esta mujer que lidera una de las empresas agrícolas más premiadas en Perú, por su modelo de gestión basado en la creación de Valor Compartido y su visión de hacer empresa. Asegura que 6 horas de sueño son suficientes para levantarse cada día y elevarse sobre cualquier circunstancia que pueda minar ese optimismo y ganas de trabajar en lo que ama.
Por Marcela Venegas Hartung | Fotografía: Celso Roldán
30 de marzo de 2022

Una visita académica a una fábrica de espárragos en el valle de Virú mientras cursaba el segundo año de la carrera de ingeniería industrial fue lo que despertó en Rosario Bazán el interés por el mundo de la agroindustria. Ya llegaba a su fin la década de los 80´s y el mercado comenzaba a mirar a Perú como una opción seria para algunos productos como los espárragos blancos de la zona norte.

 La forma en la que mujeres y hombres trabajaban en las diferentes líneas de procesamiento, cómo la materia prima se transformaba en un producto de alta calidad y ver cómo una vez procesado llegaba a los principales mercados del mundo fue lo que le dio la visión para desarrollar una carrera de 28 años a la cabeza de la agroexportadora peruana Danper junto a su esposo Jorge Aranguri, compañero de vida desde la universidad.

De su padre heredó su aguda y profunda visión social y política con la que Rosario mira al mundo, y de su madre aprendió el valor de la dignidad y respeto por las personas sin importar quiénes son.

“La inflación, el desempleo y el terrorismo eran grandes problemas del Perú en esa época. Los jóvenes terminábamos la carrera y no teníamos la posibilidad de insertarnos en el mercado laboral. Encontrar un puesto de trabajo era como sacarse la lotería”, recuerda Rosario.

“Jorge estaba haciendo un postgrado en Oxford, Inglaterra, cuando yo postulé a un trabajo que había publicado una multinacional en el diario más importante del país. El aviso decía que requería a estudiantes graduados solo de cuatro universidades privadas, que fuera bilingüe, del quinto superior y que tuviera conocimientos en comercio exterior. Yo sabía inglés desde niña, tenía cierta experiencia en el sector ya que trabajaba para unos daneses haciendo traducción en las operaciones con las empresas que hacían espárragos en Perú, pero en esa época en Trujillo solo existía la universidad pública en la que me gradué como Ingeniera Industrial, por lo que primero pensé que no tenía ninguna opción de ser aceptada”.

Rosario no se detuvo y escribió una carta dando sus argumentos de por qué debía ser elegida. En respuesta la llamaron y la invitaron a postular a la posición y tras un riguroso proceso de selección, fue contratada. “Justo me llega una carta de Jorge planteándome que regresaba y que tenía ganas de comenzar conmigo un proyecto relacionado con la piña congelada. Yo había aceptado ya la propuesta de la empresa multinacional y él me estaba planteando esta posibilidad. Mi padre me decía que aceptara el trabajo, que no lo pensara, pero decidí desistir de la propuesta de la empresa dejándome las puertas abiertas, e iniciar el camino del emprendimiento junto a él”.

Rosario y Jorge empezaron a trabajar con una empresa holandesa. Los primeros contenedores llegaron muy bien, el producto era de calidad, sin embargo, había hiperinflación en Perú y se hacía difícil trabajar. “Siempre me preocupé por la situación de las mujeres y varones que laboran para nosotros, no había trabajo y yo no sabía cómo reclutar así que iba a tocarles las puertas de sus casas. Queríamos trabajar con gente que estuviera dispuesta a aprender y así darles oportunidades de desarrollo. La gente estaba animada, los pagos eran puntuales, pero la situación en Perú se estaba agravando y debimos cerrar, sin dejar de cumplir con nuestros compromisos comerciales y laborales, aún exponiendo el capital invertido”. Esta actitud y su enfoque en las personas reafirmó su credibilidad con sus trabajadores y clientes holandeses, quienes luego los contrataron para estar a cargo del control de calidad de los productos que importaban de las empresas agroindustriales peruanas de ese entonces.

“La vida es un permanente desafío. No son las crisis las que te ayudan a ser mejor persona, sino la actitud que asumes ante ellas. Las adversidades y las coyunturas complejas te retan a crecer profesional y personalmente, a retomar el camino teniendo como norte tus valores”, precisa Rosario.

VALORES Y PRINCIPIOS QUE GENERAN OPORTUNIDADES

A partir de ese momento comenzaron a crecer y a innovar. Compraban todo el espárrago blanco en conserva producido en el país para sus clientes holandeses; trajeron el vidrio como envase para estos productos – en lugar de latas, que era lo que se utilizaba hasta ese momento-; y en paralelo los daneses que la habían conocido en su juventud como traductora, mientras Rosario estudiaba Ingeniería Industrial, los llaman porque veían en Rosario y Jorge personas y profesionales confiables, es decir los socios que estaban buscando para cofundar una empresa en Perú. Así, en 1994 nace Danper.

“En esa época de profunda crisis nacional todos los que podían irse de Perú lo hacían. A Jorge le habían ofrecido una maestría en EE.UU. pero decidimos quedarnos. Nunca tuve dudas de que mi deber como peruana, ciudadana, mujer, era quedarme y trabajar en mi patria para contribuir a que nuestro país saliera adelante”, relata Rosario.

En lo personal, cuando los invitan a cofundar Danper, su situación familiar había cambiado. Su hijo mayor, Jorge, tenía a penas 6 meses de nacido. “Pese a ser daneses y que culturalmente eran menos machistas que en Latinoamérica, ellos querían que Jorge, mi esposo, fuera el gerente general. No se les ocurría que yo podía serlo ya que pensaban que sería muy difícil abrirme paso en una sociedad como la peruana, y más aún en un sector predominantemente de varones, pero Jorge no podía porque estaba a cargo de la otra empresa en la que representábamos a los holandeses y franceses. Sin embargo, la confianza en nuestros principios y valores innegociables se sobrepuso y tuvieron que aceptar que yo asumiera la gerencia general”, recuerda.

¿Cómo asumió ese desafío de gerente general?

La verdad es que tenía miedo. Tanto me decían que una mujer no podía serlo, que lo tenía internalizado, entonces cuando plantean que sea la gerente general dije no, que mi hijo estaba muy pequeño, que me necesitaba. Ahí Jorge fue fundamental. Me dice “Charo, si tú no aceptas los empresarios daneses no lo van a hacer en Perú, se irán. Tú siempre has soñado construir una empresa en donde puedas hacer la diferencia, darle trabajo a mujeres y varones que hoy no tienen cómo sacar adelante a sus familias, esta es tu oportunidad”. Lloré mucho ese día, tenía este conflicto entre la maternidad, el miedo a fracasar y el desafío que se me presentaba, pero al día siguiente luego de pensarlo meditadamente decidí aceptar. Es normal sentir miedo ante diversas situaciones, pero no debemos dejar que el miedo nos paralice. Frente a las adversidades, debemos siempre actuar y luchar por salir adelante. Luego, me enteré de que el Directorio inicialmente me había puesto como gerente general interina, por si me arrepentía, por lo que tuve que auto empoderarme, creer en el poder de mi fuerza interior, y mirar para adelante. Tenía 32 años.

¿De dónde viene esa fuerza, claridad interior y amor por su país?

Siempre vi a mi madre empoderada, valiente y decida. Ella tenía la concesión de una conocida marca de tienda de zapatos en Celendín, donde nací, una localidad que tiene un área rural y la ciudad. Veía a mi madre cómo trabajaba, nos cuidaba y educaba. Sus clientes y proveedores la felicitaban por cómo llevaba la tienda y porque siempre cumplía su palabra. Ella siempre trataba de la misma manera a la gente importante de la ciudad como a la mujer campesina que cargaba a su hijo en su espalda con sus pies lastimados de tanto caminar. Aprendí mirando su ejemplo.

«Soy una convencida de que para ser sostenibles en el tiempo tenemos que asegurar y garantizar un trato justo para nuestros trabajadores”.

Cuando nos trasladamos a Trujillo, nos pusieron en un colegio particular bilingüe. Tenía 9 años y el primer día de clases, la profesora me presenta y luego empieza a hablar en inglés. No entendía nada, escribe la palabra house y me pide leerla. La leí tal cuál. Los niños y la profesora se rieron, pero no me sentí víctima al contrario decidí actuar para generar un cambio en mi vida de estudiante en ese momento: si no sé nada de inglés tengo que aprender. Mi madre me matriculó en el instituto de idiomas de la ciudad y antes del año ya estaba ayudando a la profesora a enseñarle a los compañeros que les costaba más.

Y el amor a mi país viene de mi padre, un educador que siempre estaba pensando en hacer el bien. A los 27 años tuvo la visión de fundar el primer Instituto Pedagógico para formar docentes en Celendín. Mi padre fue reconocido por el Gobierno peruano a través del Congreso con las Palmas Magisteriales, el mayor reconocimiento en educación brindado por el Estado peruano por su valioso aporte a la labor docente.

¿Cómo su herencia se plasma en el concepto de valor compartido de Danper?

Mi trayectoria empresarial no es más que un reflejo de los valores y principios que determinan mi esencia como persona. Pienso que uno debe cultivarse y formarse no sólo pensando en sí mismo sino teniendo en cuenta que lo fundamental es cómo mi accionar impacta mi entorno y mi relación con los demás.

Cuando fundamos Danper en 1994, estaba convencida de contribuir al desarrollo de nuestro país a través de una empresa responsable que genere eficiencia económica a la vez que impacte positivamente en el progreso de las personas. Sabíamos que en nuestro país existen millones de peruanos que viven en situación de pobreza y que un gran porcentaje de nuestros trabajadores y sus comunidades no tienen acceso a los servicios básicos de desarrollo humano por lo que actuamos desde el inicio en tres ejes principales de alto impacto en la calidad de vida de nuestra gente: salud, educación y equidad de género.

Nuestro modelo de negocio basado en la creación de Valor Compartido siempre ha buscado conectar el crecimiento económico de nuestra empresa con el progreso de nuestros trabajadores. Puedo decir con orgullo que hemos logrado que Danper sea un verdadero vehículo para el desarrollo, que contribuye a sacar adelante a nuestro Perú.

Esa mirada ¿cómo ha podido mantenerse en el tiempo pese a las diferentes crisis?

Soy una convencida de que para ser sostenibles en el tiempo tenemos que asegurar y garantizar un trato justo para nuestros trabajadores. Si ellos se sienten bien tratados, motivados, con oportunidades de capacitación y desarrollo, van a asegurar que los procesos de producción, en toda la cadena, sean eficientes. Las personas tienen claridad de nuestra convicción por crear Valor Compartido, porque son testigos de todos los programas que desarrollamos exclusivamente para el progreso de nuestra gente y sus familias; lo hacemos con cariño auténtico y el convencimiento de que esta es la forma correcta de hacer empresa. Tratamos a nuestros trabajadores como personas, no como un recurso que es utilizado y sobre el que se es indiferente luego. Cada persona es una oportunidad para contribuir a nuestro país y lograr que nuestra sociedad sea mejor.

¿El mercado valora su forma de hacer empresa: trato justo y valor compartido?

El mercado te recompensa. Nunca imaginé que para entrar al mercado suizo y a otras tiendas top en el mundo nos iban a reconocer este enfoque de sostenibilidad. Nunca pensé que por hacer las cosas correctas como ciudadana, como empresaria, por entregar un trato digno a nuestra gente, por empoderar a nuestras mujeres – que representan el 50% de nuestros trabajadores, y el 60% de ellas son cabeza de hogar- el mercado nos iba a premiar. Para mi es gratificante ver que en estos 28 años, las mujeres que han ido incorporándose a nuestra empresa interrumpen la transmisión de la pobreza de una generación a otra, porque ahora sus hijos – muchos de ellos- están graduados de institutos y universidades, cuando sus madres no tuvieron la oportunidad de terminar sus estudios escolares. En Danper tenemos un programa de escuelas nocturnas dentro de las mismas instalaciones que desarrollamos en conjunto con el Ministerio de Educación de Perú, para que las mujeres y varones de la empresa, después de su jornada laboral, puedan terminar sus estudios básicos. Ya tenemos varias promociones, es un tremendo orgullo para nosotros y para sus familias.

¿Qué pasa con el resto del empresariado en Perú hoy?

Somos una empresa que desarrolla este enfoque de sostenibilidad, el cual viene siendo entendido y adoptado, paulatinamente, por otras empresas. Si el Estado no está en las zonas donde operamos y de donde proviene nuestra gente, es deber del empresariado articular acciones que permitan que el Estado cumpla su rol, de manera que no se genere una bomba de tiempo debido a las brechas sociales existentes en la atención de servicios básicos de desarrollo.

Considero que los empresarios responsables en el Perú están entendiendo cada vez más que de ninguna manera la rentabilidad económica de sus empresas debe estar reñida con ese trato digno y justo que debemos dar a nuestros trabajadores. En Danper, hemos sido reconocidos por distintas instituciones, públicas y privadas, y pienso que estos reconocimientos que resaltan nuestra experiencia podrían estar sirviendo de inspiración para que los accionistas y ejecutivos de otras empresas también impulsen los cambios requeridos dentro de sus compañías, y generar así esa atmósfera y ambiente de paz social al interior de sus organizaciones y en el relacionamiento con las comunidades donde operan.

¿Cuál debería ser el rol de los empresarios en la sociedad?

Tengo la plena convicción de que los empresarios estamos llamados a ser agentes de cambio para romper el círculo vicioso de la pobreza que, en sus diferentes dimensiones, afecta a millones de personas. Los empresarios peruanos comprometidos con el desarrollo de nuestro país, estamos desafiados a construir empresas económicamente saludables, competitivas y sostenibles en las que los objetivos económicos no se contraponen a los objetivos sociales y objetivos ambientales.

Estamos llamados a generar oportunidades de desarrollo, a trabajar de manera responsable, a tratar de manera justa y digna a nuestros trabajadores para construir buenas relaciones con nuestras comunidades, y lograr esa paz social, porque sin ella no vamos a conseguir el desarrollo sostenible de nuestras empresas y nuestro país.

¿De qué manera se une entonces lo público con lo privado?

No puede haber empresas agroindustriales de “5 estrellas” en comunidades de “0 estrellas”, entonces es vital trabajar a través de los gremios y tender puentes con el sector público. Cuando fui presidenta de la Asociación de Empresas Agroindustriales de La Libertad, luego de 5 años de trabajo ininterrumpido y sumamente comprometido, logramos una relación colaborativa y participativa con las autoridades nacionales y locales y hemos sido capaces – sobre todo en la pandemia – de demostrar que se puede cuando hay un propósito común. Como empresarios pusimos nuestra capacidad de gestión y recursos para trabajar de forma articulada en favor de las comunidades. Construimos un hospital Covid en un tiempo récord de 40 días en nuestra zona de influencia, nuestra asociación brindó el soporte necesario a médicos y enfermeras para que pudieran llegar a los centros de salud y cumplir con su tarea, ya que no había presupuesto. Demostramos que sí se puede cuando trabajamos en función de un bien común, en un marco de respeto, confianza, transparencia e institucionalidad. Creo que este trabajo conjunto debe trascender a las crisis y mantenerse en el tiempo.

¿Cómo se logra este trabajo cuando se está en un país con una situación política y social inestable?

Es cierto, la inestabilidad en Perú es insostenible y vivimos un entorno de mucha incertidumbre. Constantemente se agrega una variable más de crisis y eso nos afecta a todos. Lamentablemente vivimos en un ambiente de desconfianza producto de la corrupción tan arraigada en las instituciones. Sin embargo, existen peruanos responsables que están haciendo esfuerzos máximos por mantener la estabilidad macroeconómica que necesitamos en nuestro país, como Julio Velarde, presidente del Banco Central de Reserva.

«Concordamos que mientras no tengamos una institucionalidad sólida no podremos lograr el desarrollo que requiere nuestro país, por lo que preservar la democracia resulta determinante”.

Como ciudadanos y empresarios no podemos darnos el lujo de sentirnos víctimas, porque somos parte de la sociedad y tenemos que asumir esta responsabilidad trabajando mejor y más que nunca para sacar adelante a nuestro Perú y seguir posicionándolo, a través de la agroindustria responsable, en los mercados más importantes del mundo.

Esta actualidad país ¿Cómo la reciben los clientes?

Estamos enviando señales a nuestros clientes de que cumplimos con la calidad, con nuestros programas de embarque, que seguimos innovando y ellos lo evidencian a través de nuestros productos y tecnología, que seguimos impulsando la agroindustria 4.0 para hacer que nuestra cadena de valor sea sostenible. No podemos estar de espaldas a la cruda realidad que afecta a mujeres y varones de nuestro país. Tras la pandemia cerca del 30% de la población total de Perú vive en la pobreza, y mientras esta cifra siga siendo tan alta no vamos a lograr la paz social ni el desarrollo sostenible que requerimos. Por eso urge que el Estado invierta en los servicios básicos de desarrollo humano. Es inconcebible que cerca de 10 millones de personas no tengan acceso al agua, a desagüe, a un servicio de salud digno, a educación de calidad.

A usted le tocó presidir el Cade 2021. ¿Cuáles fueron las principales conclusiones y desafíos que quedaron de manifiesto?

En Cade 2021, el evento anual de empresarios más importantes del Perú y que tuve el privilegio de presidir, fue una edición inclusiva y participativa, un foro convergente público-privado y promotora de la creación de Valor Compartido.

Permitió escucharnos para llegar a puntos de encuentro en temas relevantes como la educación, salud, reactivación económica, generación de empleo, inclusión social, institucionalidad, democracia y gobernabilidad.

Nos permitió tender puentes y trazar rutas comunes entre representantes de la sociedad civil, la academia, el sector público y el privado de diferentes regiones del país, para proponer soluciones y poner en agenda aquellas políticas necesarias para el crecimiento inclusivo de nuestro Perú.

Reafirmamos nuestro rol como empresarios de generar crecimiento económico de la mano con el crecimiento social y humano. También concordamos que mientras no tengamos una institucionalidad sólida no podremos lograr el desarrollo que requiere nuestro país, por lo que preservar la democracia resulta determinante. Además, quedó en evidencia la necesidad de que todos los sectores deben dejar de lado agendas particulares, trabajar en conjunto y trazar rutas comunes para generar políticas públicas que impacten en la población y promuevan la competitividad en todos los sectores, potenciando las oportunidades económicas que tenemos como país.

«La agroindustria en el Perú tiene un gran potencial para seguir creciendo y constituirse en el principal abastecedor de alimentos saludables y nutritivos para el mundo y, el gran desafío es que lo haga con un enfoque sostenible”.

¿Cómo visualiza la agroindustria peruana para los próximos 10 años?

Considero que la agroindustria en el Perú tiene un gran potencial para seguir creciendo y constituirse en el principal abastecedor de alimentos saludables y nutritivos para el mundo y, el gran desafío es que lo haga con un enfoque sostenible.

Un aspecto clave es la seguridad alimentaria, por lo que es vital cuidar la tierra, el agua, el ambiente para lograr la sostenibilidad que tanto anhelamos y que el mercado privilegia y aprecia. Estamos llamados a lograr que nuestra canasta de productos siga creciendo, a seguir explorando nuevas frutas y hortalizas. Por ejemplo, las agroindustrias que producimos conservas vamos un paso más allá: estamos generando soluciones alimenticias que están relacionadas con las comidas ready to eat para poder llegar a ese mercado que privilegia la conveniencia y siempre con productos saludables y nutritivos.

El mercado es muy exigente, cada vez más demanda productos innovadores, saludables y producidos por empresas sostenibles. Esto es clave para mantener el posicionamiento que hemos logrado como país y así ser seleccionados por los consumidores, trascendiendo a las siguientes generaciones. En Danper estamos convencidos de que así debe ser y es parte de nuestra visión.

¿La han invitado a participar en política?

Sí, me han llamado varias veces de diferentes gobiernos, pero para mí hacer política es poner al servicio de mi país lo mejor de nosotros, desde donde nos toca actuar y yo lo hago desde la empresa que lidero. Siempre estaré aportando desde los gremios a los que pertenezco, en las reuniones en las que participo, en un marco de respeto e institucionalidad, con propuestas que se puedan transformar en políticas públicas que impacten en la calidad de vida de las personas y en la competitividad de los distintos sectores productivos.

¿Con tanta actividad, le queda tiempo para los hobbies? ¿Qué está leyendo?

Me encanta Pablo Neruda, siento que es un conocedor de la naturaleza humana, distrae mi mente. Estoy leyendo el libro “Ciudadanos sin República” de Alberto Vergara, uno de los politólogos más importante del Perú, quien plantea que mientras no alcancemos una institucionalidad sólida no vamos a lograr el progreso y el desarrollo sostenible del Perú.

También me encanta disfrutar de la naturaleza y nadar en el mar. Trato de meditar todos los días en la mañana, abrazar los problemas con actitud positiva con el afán de resolverlos y poner mis capacidades al servicio de nuestra organización y país.

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