Ricardo Polis, director regional de América del Sur en Fall Creek Farm & Nursery, Inc.

“Soy un convencido de que vamos a seguir creciendo”

Con más de 20 años de experiencia en el sector agroexportador del Perú, Ricardo Polis es uno de los hombres que más sabe de la industria. Dedicado hoy a la génesis de la producción de arándanos, el ejecutivo analiza la actualidad del país en movimiento y los desafíos de una región que se adapta a los nuevos tiempos.
Por Marcela Venegas Hartung Fotografía: Josip Curich
19 de julio de 2021

Ingeniero industrial de profesión, Ricardo Polis se inició en el mundo metal mecánico, para luego pasar al textil. Esto le permitió tener su primer contacto con la agricultura y específicamente con el algodón para desde allí incursionar hace 27 años en el mundo frutícola.

Se describe como un profesional multifacético, lo que le ha permitido estar en las diferentes partes de la cadena alimentaria. “He hecho de todo, yo he vendido fruta, después pasé a ser productor y ahora estoy en la génesis, vendiendo plantas a la industria de producción. Por lo tanto, soy medio comodín”, comenta entre risas. En efecto, estuvo a cargo de la gerencia general del Consorcio de Productos de Frutas (CPF) y de la gerencia general de Agrícola Hoja Redonda y Bodega Viñas de Oro. Adicionalmente fue presidente de Procitrus, y de la Asociación de Gremios Productores Agrarios del Perú (AGAP).

En 2017 recibe el llamado de la empresa Fall Creek – reconocido vivero de arándanos que nace en Oregón, EE.UU., y que hoy opera con viveros propios en 6 países con oficinas comerciales en los 5 continentes – “Me pareció muy interesante la empresa, sus proyectos de expansión y aprecié mucho la calidad humana de los accionistas y del equipo ejecutivo existente. Me nombraron director regional de América del Sur. Y acá estamos”. Polis comenta estar agradecido de la vida profesional que ha elegido y afirma tener “la suerte de haber visto el “milagro peruano”. Al inicio en el Perú no sabíamos nada acerca de la exportación y tengo el orgullo de poder decir que hoy es un gran jugador mundial, no solo de volumen, sino que también en calidad. Tiene para vender muchísimo más, sí; tiene para producir más, claro. Esperemos que los políticos nos dejen trabajar y que América del Sur se tranquilice un poco. La región está atravesando momentos difíciles”.

 

¿Cuál es su diagnóstico respecto a lo que ha ido ocurriendo en Perú en la industria agroexportadora y la situación actual?

América del Sur está complicada. Empezó con Chile y su conflicto social, después se dio en Perú con lo que ocurrió en diciembre de 2020 con el sector agrícola específicamente. Hubo manifestaciones y protestas de supuestas injusticias dentro del régimen laboral agrario. Aquí es importante aclarar que, por una parte, está el sector formal que paga impuestos, exporta y cumple con la legislación peruana y las certificaciones internacionales; y por otra, la industria agrícola informal que también a veces se cuelga de la exportación y no cumple con las regulaciones nacionales ni las internacionales. Efectivamente en ese grupo de empresas, puede haber insatisfacción porque las condiciones laborales no son iguales a las de las empresas formales. De eso se agarró el movimiento sindical para decir que había una injusticia dentro de todo el sector agrícola. Yo puedo hablar del sector formal al que pertenezco y lamentablemente no somos la mayoría. El Perú es un país en donde alrededor del 25% de la economía es formal y un 75% es informal. ¿Qué falló entonces? Falló el Estado, porque tiene un ente regulador que se llama SUNAFIL, que pertenece al Ministerio del Trabajo y que debería auditar a cada una de las empresas formales e informales y multar a las empresas por haber hecho las cosas mal.

Esta situación dolió mucho, porque lo que la prensa reveló sobre el conflicto no era el 100% de la realidad y se hizo un sensacionalismo de eso. En una serie de negocios lamentablemente hay mucha informalidad, malos empresarios, y la gente con justa razón protesta, pero nos metieron a todos en la misma bolsa y eso es contra lo que yo protesto.

Perú ya se metió en las grandes peleas de la agroexportación a nivel mundial, ha tenido un muy rápido posicionamiento producto de la gran capacidad productiva que tiene el país. ¿Considera que le falta algo a Perú para poder consolidar este lugar y poder avanzar en esta ruta?

Si hablamos de la agroexportación ya no somos un jugador pequeño, somos un jugador grande en varios productos, y lo que le falta a Perú es seguir creciendo, pues ha demostrado potencial en lo que hace, pero le falta muchísima investigación y desarrollo. Hace 8 años no había arándanos en el Perú. Fue la empresa Camposol quienes pusieron 200 hectáreas de arándanos. Mucha gente dijo que era una locura y hoy es una historia de éxito. El inicio de la agroexportación peruana fueron los espárragos que hace 25 años apenas se cultivaban y fue un éxito en el país. Las uvas en el norte del Perú se cultivan en la zona de Piura, cerca de la frontera con Ecuador, que es una zona absolutamente tropical. Si hace 30 años uno hubiera hablado con un productor experimentado, este hubiera dicho que eso era imposible o una locura, ya que no tenía las horas de frío que necesitaba la uva. Hoy, la uva crece en el trópico. Entonces en el Perú se han logrado romper una serie de mitos en imposibles teóricos. Por esto creo que el siguiente paso hoy en Perú es una combinación de dos cosas: Mayor investigación acerca de lo que puede crecer en distintas zonas del Perú (por ejemplo, en la Cordillera de los Andes o la Amazonía) y además armar una mayor infraestructura vial para poder trasladar los productos agrícolas en buenas condiciones y buen tiempo.

 

“Lamentablemente hay mucha informalidad, malos empresarios, y la gente con justa razón protesta, pero nos metieron a todos en la misma bolsa y eso es contra lo que yo protesto”

 

¿Qué le falta a Perú para traspasar las brechas que aún existe en términos de logística y operatividad dentro de la industria frutícola?

El sector privado comenzó a crecer independientemente de la actividad política del país. Hemos tenido altibajos, pero siempre ascendentes. El empresario peruano comenzó a invertir, después vino la inversión extranjera. La industria agroexportadora le informó al Estado que para poder hacer frente a dichas inversiones y al crecimiento de la oferta exportable se requería de una mayor inversión estatal en infraestructura vial, portuaria y aérea. Hará unos 5 años que recién el Estado se ha dado cuenta de que después de la minería, el agro es el segundo generador de divisas en el Perú y es el gran generador de trabajo, además de ser una de las pocas industrias que crece a nivel de dos dígitos porcentuales anuales en el país. El Perú requiere fortalecer instituciones como Esalud, Sunafil, ANA (Autoridad Nacional del Agua), INIA y especialmente SENASA, la cual es la socia estatal estratégica del sector agroexportador, para no solo poder controlar los campos sino también abrir más acuerdos fitosanitarios con otros países y permitir la expansión del agro peruano a todo un abanico de alternativas que todavía el Perú no ha podido explotar.

Hace unas semanas, el actual gobierno anunció el desarrollo de una gran autopista de penetración para la nueva carretera central, lo que ayudaría mucho para poder dar un primer paso y abastecer más rápidamente de productos, pero es indudable que en los últimos 5 años se ha perdido crecimiento en infraestructura.

En ese sentido, el Estado ha llegado tarde…

Claro, llegó tarde a la fiesta, así es. Hemos perdido años de crecimiento, hay proyectos parados, incluso algunos tendrían que haber estado listos hace más de 2 años, es decir, hemos perdido casi 8 años, desde el gobierno del presidente Humala hasta la fecha.

Hay cifras que dicen que en los próximos 30 años la demanda de alimentos va a subir un 30% ¿Cómo visualiza para Perú esta necesidad de alimentos que también quedó de manifiesto en la pandemia?

Soy absolutamente positivo, tengo la suerte de haber visto el “milagro peruano” desde sus inicios. Hay una tendencia en el mundo a consumir más y comer mejor, lo vemos en la industria de las bebidas gaseosas que vende la misma cantidad de litros hace muchos años sin registrar crecimiento, es decir, la población mundial crece y el volumen de litros global no aumenta, pero si aumenta el de agua embotellada. Los humanos estamos consumiendo mejor, y ¿Quién es la gran ganadora de todo esto? Nuestra industria, la agroindustria. Soy un convencido de que vamos a seguir creciendo, ahora mismo estoy en el mundo del arándano y veo la demanda sólida a pesar de ser un producto bastante nuevo. Veo que crece y que seguirá el ritmo del crecimiento de la palta sin la menor duda.

Metiéndonos a lo que es la industria de la fruta ¿Cómo observa el desarrollo genético en las distintas variedades de frutales?

Ese es el futuro, no hay la menor duda. Me acuerdo cuando la compañía comercializadora en la que comencé en la exportación propuso la primera variedad de mandarina patentada. Mis socios y productores me decían: “Olvídate, para qué vas a pagar una licencia para un árbol”, “eso nunca se ha pagado”. Hoy por hoy ya casi no se exportan variedades genéricas, porque las variedades patentadas producen muchísimos más kilos y son de mejor sabor. Entonces, que sean de mejor sabor es bueno para el cliente y que sean muchos kilos es mejor para el productor. Ahora que estoy en el mundo de la genética justamente puedo decir con conocimiento de causa que hay muchísima ingeniería. Estos son años de investigación, liberar una variedad nueva implica un trabajo de 7 a 12 años. Uno tiene que estar de este lado del escritorio para darse cuenta de todo el trabajo que hay para introducir una nueva variedad. A la gente que no está en la industria les digo que detrás de esas mandarinas, de esa uva, de ese arándano, no se imaginan la cantidad de ingeniería. “¿Por qué no hacen mermelada? ¿Por qué solo exportamos materia prima?”, me dicen. Lo que la gente no sabe es que es mucho más difícil exportar fruta fresca desde Perú o Chile que producir productos industriales como mermeladas o jugos. Lo fascinante de esta industria es lograr que la fruta fresca de Perú o Chile que consume una ama de casa en Londres, Hong Kong, o Washington sea tan fresca como cuando fue cosechada en origen. Entonces, es una industria súper desafiante y de alta ingeniería en donde la genética va a ser el futuro. Sin recurrir a lo genéticamente modificado y solo recurriendo a la genética natural se busca lograr tres aspectos primordiales: Mayor productividad (kilos x hectáreas), calidad organoléptica, y calidad de condición de viaje.

 

“La fruta tiene que ser bien trabajada para que los mercados la acepten, pues si tiene mal sabor o algo, te sales del mercado”

 

¿Qué pasa con los otros países exportadores de la región que se están metiendo fuerte?

Todos van a despertar. El arándano era un producto que no se promocionaba mucho porque era muy estacional. La campaña americana de mayo a agosto es de esta fruta, y luego no había fruta hasta que entraba la campaña chilena, quien tiene muchos años en el arándano, y que se realiza entre noviembre a marzo en el mercado. En las ventanas intermedias no había fruta y los supermercados, al no disponer de la fruta durante las 52 semanas del año, no hacían ningún tipo de promoción. Cuando aparece Perú, este llena ese vacío entre Estados Unidos y Chile; en paralelo aparecen México, Marruecos y España que llenan la parte restante. Hoy por hoy, la presencia de la fruta está durante las 52 semanas del año y esta dinámica no tiene más de 5 años. Todos los supermercados comienzan a hacer promoción y campañas, lo que genera un aumento en la demanda de la fruta, que es lo que está sucediendo en este momento.

¿Cómo ve el tema de buscar nuevos mercados?, siempre China, Estados Unidos, se han mirado como los principales destinos…

Siempre se ha dicho que no hay cliente chico. Todos los mercados ayudan y colaboran, no podemos mandar todo a Estados Unidos, todo a Europa, todo a China. En todos los productos hay tendencias, una cosa se vende más que la otra en distintos mercados y en mi experiencia he podido constatar que también los hábitos de consumos varían en cada mercado. En este sentido, tanto Perú como Chile han hecho muchos esfuerzos para tener más y más clientes. Chile ha hecho un gran trabajo en Asia con muchas puertas abiertas; Perú lo sigue y todos los mercados consumen fruta. Este negocio funciona con la ley de la oferta y demanda: Mucha fruta menos precio, poca fruta más precio.

Perú viene creciendo en volúmenes muy importantes y está obligado a diversificar sus mercados y sus productos. Un ejemplo de promoción y crecimiento de consumo es el de la palta. Gracias a una campaña global, su crecimiento de los últimos 5 años ha sido fantástico y aún falta. Para la industria del arándano tiene que pasar lo mismo, es un producto que el mundo debe descubrir.

Ahí las calidades también importan a la hora de poder abrir estos mercados…

Igual crecen, ya se han ido derribando los mitos. En este mundo de la fruta fresca la calidad sigue primando. Una cosa es mandar mermelada (la hiervo, le meto azúcar, en un envase y puede durar un año), y otra cosa es mandar fruta fresca, que se puede pudrir en el camino. Entonces la fruta tiene que ser bien trabajada para que los mercados la acepten, pues si tiene mal sabor o algo, te sales del mercado. Perú conquistó muchos mercados desde el inicio, por ejemplo, las mandarinas que por la calidad desplazó a competencias importantes que tenían varios mercados. Entonces, si cualquier país del mundo quiere mantenerse en su mercado, tiene que ir mejorando la calidad, consiguiendo las mejores variedades genéticas que existen en el mercado para todos los cultivos.

 

“Si el productor más importante no se adapta está condenado, y puede perder el mercado”

 

Desde su experiencia, ¿la industria peruana ha sido receptiva a estas mejoras genéticas?

Si, si bien no todas las empresas abren su mente y piensan “voy a mejorar genéticamente” hay muchas que sí. Si tu competencia comienza a cambiar de variedades y tú no te actualizas, el mercado va a decir “bueno amigo, lo que tu competencia del costado me está ofreciendo está de mejor calidad y, discúlpame, pero negocios son negocios”, entonces el supermercado comienza a comprarle a otro que abastezca la misma ventana comercial con una mejor calidad de fruta, y eso, es competencia pura y dura. Eso sí está pasando en las uvas, por ejemplo. Tú ves la revolución genética de nuevas variedades de uva, obligó a que los productores que tenían variedades viejas tuvieran que reemplazarlas; el supermercado busca una mejor calidad de fruta y que dure el mayor tiempo posible en el anaquel. Eso es lo que proporcionaban las variedades nuevas. En el caso del arándano, lo que viene ahora, son frutas más crocantes, de mejores sabores, más llamativas, los granos son más grande, con más bloom, se viene una revolución en el mundo del arándano y eso va a pasar. Un productor va a llegar con una buena fruta al mejor supermercado del mundo, pero si el supermercado se entera de que hay una fruta de mejor calidad, a ese productor, ya sea su amigo o su íntimo, le va a decir “mira conviértete, porque te vas a quedar atrasado”. El supermercado sabe que si hay mejores opciones eso es lo que tiene que ofrecer a sus clientes. Entonces, mi trabajo es crear esas mejores opciones y es un proceso lento. Si el productor más importante no se adapta está condenado, y puede perder el mercado.

Lleva 3 años en el rubro de los arándanos y conoce su potencial. En ese sentido, la empresa que lo está respaldando, ¿Cómo ve este crecimiento y cuáles son los lineamientos que se vienen en estas nuevas variedades?

No solamente en el arándano, el mismo cuadro lo he visto en las mandarinas. Teníamos una variedad que se llamaba Fortuna y los productores me decían “esto va a ser insustituible”, pero luego probamos otra que era patentada y era mucho más rica, dejamos de exportar más de la variedad Fortuna. Lo mismo lo vi en las uvas, y lo mismo pasará en los arándanos ¿Por qué? Fall Creek tiene un paquete de variedades, algunas las hemos soltado ya en el mercado chileno y otras en el peruano, pero van a seguir saliendo nuevas, que son del gusto del cliente, son mucho más ricas, más grandes, menos ácidas, mejores viajeras y para el lado del productor, lo que buscamos es que produzcan igual o más kilos de lo que tienen. Si producen igual y la fruta es más rica, al productor le conviene.

En ese sentido, ¿Cómo ha cambiado la relación entre el productor/ exportador con el retail?

Hoy hay una relación más directa con el retail. ¿Qué pasa si tu competencia – sea mediana o grande – comienza a aparecer con una variedad nueva, y a ti te sacan de un supermercado súper bueno? Si un productor viene con una variedad muy buena y va al supermercado a decir “prueben esto”, y el comprador si le gusta, puede decir “productor “x”, produce esto para mí”. Esto es muy dinámico con estas nuevas variedades. En los próximos 3 o 4 años la mayoría de consumidores en el mundo van a comenzar a distinguir que ha aparecido una nueva generación de arándanos, pero por el momento la gran mayoría son arándanos un poco ácidos, la fruta está ahí, pero no es la súper fruta. Ya están en el mercado estas mejores variedades, pero todavía con volúmenes muy pequeños. Cuando comience a crecer en áreas y a crecer en kilos, y cuando los supermercados comiencen a descubrirla, van a querer esa súper fruta. Eso es lo que va a pasar, igualito pasó en las uvas y en las mandarinas.

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