El mundo postpandemia

19 de julio de 2021

Si bien la atención de estos días se concentra en luchar contra la pandemia desde una perspectiva clínica, conteniendo los contagios, asegurando camas UCI a los enfermos graves y desarrollando el proceso de vacunación, ya comienzan a mencionarse casos de reapertura; Israel ya permite llegar a usar espacios públicos sin necesitar del uso de mascarillas, diversos Estados en EE.UU. permiten el retorno a actividades cada vez más normales y la propia reunión cumbre del G7, que se desarrolló de forma presencial en Cornwall, Gran Bretaña. Esta situación nos comienza a poner en un mundo que se repondrá de la pandemia y donde podemos ver de qué forma será esta nueva realidad.

Un primer elemento crítico de recordar es que las velocidades a través de las que los distintos países superarán la pandemia serán muy diferentes. Si bien algunos países esperan superarlo en los próximos meses, para otros el plazo se mide en años o, en el África o incluso parte de Latinoamérica, simplemente no existe. Esta situación implica que la red de viajes y turismo pre pandemia necesariamente tendrá una reactivación más lenta y desigual que otras actividades. Lo mismo respecto a las cadenas logísticas internacionales, donde los proveedores de muchos componentes ahora se encuentran detrás de barreras sanitarias desiguales o distintas. Un caos para cualquier gestor logístico, y donde se da la vieja máxima de que la cadena es tan fuerte como su eslabón más débil, como quedo claro en la industria automotriz del este de Asia, donde la ausencia de determinados chips electrónicos introdujo severos problemas de producción en el medio de la crisis. Probablemente, las cadenas de abastecimiento de componentes deberán de acortarse o concentrarse en relación con lo que se usaba clásicamente, para reducir los riesgos que implican estos procesos.

Sin embargo, por principio, la principal consecuencia será sicológica y social. Encerrar a buena parte de la población mundial por casi dos años necesariamente tendrá consecuencias severas. La interrupción de los procesos de sociabilidad, educación y comercio; la mera alteración prolongada de las rutinas diarias, la pérdida del empleo y, en términos simples, poner la vida de cabeza por periodos realmente prolongados de tiempo es una experiencia que la sociedad globalizada no había experimentado jamás. La tecnología ha sido un enorme apoyo, pero a su vez, presenta problemas propios. No hay forma de superar la naturaleza social del ser humano. Es quizás en este ámbito, donde se verán las peores consecuencias, pues de alguna forma, lo que algunos ya llaman como el “Síndrome de la Cabaña”, donde parte de la población ya teme dejar su hogar, es una realidad.

En ese sentido, la pandemia equivale a un shock tras un gran conflicto o una guerra, y la posterior recuperación significará, en muchos términos, a una Postguerra. Cierto, la pandemia debería de ser más corta que una Guerra Mundial en el ejemplo del siglo XX, y de la misma forma, no ha existido la destrucción material que demolió a toda Europa y buena parte del resto del mundo entre 1914-18 y 1939-45, pero la destrucción de empleo y los nuevos conceptos de relación social, distancia y protección calarán hondo. Probablemente podemos esperar la alegría y desenfreno que también acompañó al fin de esos conflictos para los primeros momentos de desconfinamiento, pero la reconstrucción será igualmente difícil en cada centímetro.

De esa forma, se nos viene a la mente el viejo concepto griego de Crisis, donde además de amenaza, alteración o desafío se convierte también en oportunidad u opción de reconstrucción. Una cosa sí es clara, el mundo posterior a la pandemia será muy diferente al anterior, pero eso no significa que necesariamente será peor. Un mundo para el que busque oportunidades, no para el que se encierre asustado.

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