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Isaac Bon director en Tecnopapel y Links Marine Services, socio Compañía Frutera del Norte y Sociedad Agrícola Rivadavia

«Tenemos que ir a los mercados que pagan»

El ex ejecutivo de importantes empresas como Frutexport y la Compañía Frutera del Norte, abre las puertas a su historia profesional y nos entrega su mirada de industria frutícola chilena.
Por Marcela Venegas Hartung Fotografía: Diego Araya Corvalán
4 de junio de 2021

Experiencia, amor por su trabajo y constancia son algunos de los calificativos que resumen la carrera profesional de Isaac Bon en el mundo de la fruticultura chilena. Próximo a cumplir 80 años y con todo un camino recorrido, ha sido parte de momentos claves del desarrollo frutícola nacional y hoy, ya más alejado de lo que fuera su pasión, es capaz de analizar en perspectiva los desafíos que aún tiene esta industria en cuanto a la exportación se refiere.

Tras dar el “bachillerato” – sistema chileno de admisión universitaria por esos años – y no quedar en ninguna de las dos carreras que había elegido – geología y agronomía -, “opté por ir a una carrera más corta y entré a estudiar técnico agrícola, en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Chile. Ahí egresé el año 64 y en mayo del 65 postulé a una beca en California, EE.UU., patrocinada por el California Farm Bureau y la Sociedad Nacional de Agricultura”, relata. Esta beca le permitió trabajar un año en EE.UU. y especializarse en fruticultura.

Corría el año 65, Chile estaba en plena Reforma Agraria, e Isaac estaba consciente de que volver a EE.UU. podía ser algo improbable, por lo que decidió absorber todo el conocimiento que fuera posible.

Fue así como comenzó a trabajar en el norte de California, en el Valle de Sacramento, para la familia Little – que, paradójicamente, era la más grande en superficie plantada y en donde la mayoría de sus miembros medían sobre 1.80 m -, en una zona llamada Gridley, donde existía una gran producción de duraznos frescos y conserveros, ciruelas D’Agen para deshidratar, nogales, almendros, entre otros .

A sus 23 años, Isaac aprendió a manejar todo tipo de maquinarias, estuvo a cargo de cuadrillas de obreros en su mayoría mexicanos e indígenas californianos, conoció y estuvo a cargo del funcionamiento de túneles de secado de ciruelas, y aprendió la gestión operativa y logística detrás de la producción de frutales, lo que le fue muy útil después en su carrera profesional.

Luego se trasladó más al norte, a Red Bluff, a trabajar con la familia Lindauer, productores de ciruelas D´Agen y nueces. Después de 3 meses, se fue al sur a la zona de Riverside y trabajó con la familia Moramarco. John Moramarco – ya fallecido -, fue uno de los grandes viticultores californianos y pionero en la plantación de uvas viníferas en El Valle de Temecula. Bon estuvo a cargo del desarrollo de la Viña Callaway, la más grande de ese valle.

Al llegar a Chile en el 66, entró a trabajar a la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) al Departamento de Desarrollo Agrícola, en donde fue parte de un estudio de adaptabilidad variedades de tomates conserveros. Él tenía algo de experiencia, ya que había trabajado en un campo que producía tomates para la industria en la zona de Colusa, California. “Hubo una misión chilena integrada por ingenieros agrónomos y civiles, que viajó a Europa, España, Italia y Portugal para conocer cómo producir tomates y así dar trabajo a mucha gente en los campos donde estaban las condiciones para su cultivo y, al mismo tiempo, determinar la mejor zona para producir pasta de tomates para la exportación”, recuerda. Bon se hizo cargo de la supervisión de las plantaciones semi- industriales en distintas zonas de Chile y, junto a la asesoría de expertos de la Universidad Católica y de Chile, se concluyó que la mejor zona para la industrialización del tomate, por el alto contenido de pectina, era la zona de Malloa, lo que dio origen a la fábrica que hoy conocemos.

En 1974 decide retirarse de la CORFO y formar una consultora con algunos colegas expertos. “Hicimos un estudio de riego tecnificado para Pizarreño, que en ese entonces fabricaban cañerías de plástico y había todo un futuro y potencial en la introducción del riego por goteo. También hicimos un estudio para la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones (CMPC), sobre el potencial futuro de las cajas de cartón para frutas”, comenta Isaac.

En 1976 gana un concurso de la CEPAL para hacer una consultoría en Nicaragua y ver las posibilidades del país en la exportación de melones y otras hortalizas a nivel de pequeños y medianos productores. “En esa época estaba de presidente Don Anastasio Somoza Debayle y había muchos recursos económicos para ir en ayuda de los pequeños propietarios que podrían dejarse influenciar por el movimiento sandinista, en la Costa del Pacífico. Había mucha pobreza en Nicaragua y había que desarrollar proyectos que pudiesen ser rentables y permitir vivir mejor a esa gente”, recuerda.

 

SUS INICIOS EN EL MUNDO PRIVADO

 

Su amigo Eugenio Silva le ofrece trabajar en la Compañía Frutera Sudamericana, que en esa época tenía un contrato con una empresa española para exportarles 500 mil cajas de cebollas, y encargarse de la posterior logística que conlleva. “Ese fue mi primer desafío en la empresa privada”, cuenta Isaac.

Durante el tiempo en que trabajó en “La Frutera” – como se le nombraba coloquialmente -, Constantino Mustakis lo envió, junto a Juan Miguel Errazuriz, por casi 3 meses a recorrer EE.UU. de costa a costa. “Don Cocho tenía en la cabeza que Chile tenía muchas posibilidades para producir berries y me tocó traer las primeras plantas de frambuesas de distintas variedades para reproducirlas en un vivero en los huertos de Negrete, en Angol”, recuerda.

Durante el tiempo en que trabajó en “La Frutera” – como se le nombraba coloquialmente -, Constantino Mustakis lo envió, junto a Juan Miguel Errazuriz, por casi 3 meses a recorrer EE.UU. de costa a costa. “Don Cocho tenía en la cabeza que Chile tenía muchas posibilidades para producir berries y me tocó traer las primeras plantas de frambuesas de distintas variedades para reproducirlas en un vivero en los huertos de Negrete, en Angol”, recuerda.

Estando en Frupac viajó a Hermosillo, Sonora, México, para ver las posibilidades de encontrar productores de uva que quisieran exportar a través de la empresa a EE.UU., y allí quedó a cargo de la oficina Luis Aguilera – fallecido en un accidente en Hermosillo- , con el que trabajaron los melones de San Salvador.

Durante ese tiempo, Frupac comienza un programa aéreo de 7 salidas de aviones con 40 toneladas de fruta de carozo madurada en el árbol, los que aterrizaban en el aeropuerto de Filadelfia. “Los productores chilenos que participaron en este programa más que mirar la rentabilidad, lo hicieron de buena voluntad y entusiasmo, y respondieron con un “ya, hagámoslo”, pero logísticamente fue todo un acierto”, agrega.

Además, Frupac en conjunto con Copefrut inician el envío de barcos completos con uvas y manzanas a Arabia Saudita, y Bon junto con un ejecutivo de control de calidad, apoyaron la gestión logística y de ventas a los importadores saudíes. Este trabajo lo realizó durante 4 temporadas con estancias largas y viajes internos para la distribución de las frutas en la ciudad de Jedda, experiencia que recuerda como “notable”.

 

“La fruta en Perú está en pocas manos y con superficies plantadas muy significativas de 800 – 1000 ha. En Chile un productor grande – que hay pocos – a lo más tendrá 500 a 800 mil cajas”

 

En 1987, dos ex ejecutivos de Del Curto crean Frutexport y lo invitan a ser parte de la sociedad. Es así como asume la gerencia general. 

Aprovechando el Tratado de Libre Comercio con México, Frutexport inicia la exportación de uvas y frutas de carozo al Distrito Federal y Guadalajara. Les tocó vivir el “Efecto Tequila”, “que fue al período en el que se devaluó la moneda mexicana de $3 por dólar a $7 y luego a $9. Entonces fue macabro para los importadores que tenían que pagarnos en dólares”, relata. 

En 1999 se retira de Frutexport y con un grupo de productores del norte crean la Compañía Frutera del Norte (CFN). “Acá comenzamos a crecer en la variedad Red Globe y de exportar 4 containers a China, con los años, llegamos a 300”. 

En 2010 y en sus palabras “preparando un poco mi retiro” – bastante poco ortodoxo por lo demás -, le ofrecen participar en la creación de una fábrica convertidora de papel tissue para la higiene personal. Si bien era un negocio completamente desconocido, como su sobrina estaba casada con el que sería el otro inversionista y gerente general, decide tomar el riesgo. “Pensé con pragmatismo que el peor de los resultados sería recuperar el dinero o perder parte, y en el mejor de los casos rentabilizar un porcentaje razonable. Comenzamos con 80 toneladas mensuales, hoy procesamos 1.400 toneladas mensuales con ventas cercanas a los $2 mil millones de pesos al mes en los distintos productos, y contamos con la lealtad de 150 trabajadores incluyendo los extranjeros. En la práctica es una dinámica muy parecida a la fruta, pero menos estresante, porque no es perecible”, comenta.

 

UNA MIRADA DESDE LA EXPERIENCIA

 

¿Dónde están los principales desafíos que tiene el sistema logístico en Chile? 

Lo marítimo va a seguir siendo lo que predomine en nuestras exportaciones. Si bien es cierto que estamos muy lejos, al extremo del mundo, hemos tenido la capacidad de formar profesionales de alto nivel en post cosecha y que con ese expertiz nos permiten llegar con cerezas a China después de 25 – 30 días de viaje en perfectas condiciones, y lo mismo con otras especies. En Chile ha habido un desarrollo de post cosecha y del empaque muy importante, con ingenieros agrónomos que se han doctorado en el extranjero y han asesorado con su experiencia a la industria. Creo que es ahí dónde se debería seguir apuntando. 

Respecto al transporte aéreo, la verdad, no creo que tenga alguna connotación, primero por el gran volumen y segundo por los valores con los que llega esa fruta al mercado.

Perú se ha metido con fuerza en los últimos 20 años ¿Cómo ve la competencia entre los países de la región?

Siempre he dicho que la competencia es buena, porque nos obliga a hacerlo cada vez mejor. Creo que, si bien tenemos una industria frutícola madura, hay que reconocer que Perú hoy en uvas produce 50 millones de cajas, en un par de años estarán en 70 millones, en arándanos el volumen es grande, lo mismo ocurrirá en los cítricos, y no podemos quedarnos dormidos. La fruta en Perú está en pocas manos y con superficies plantadas muy significativas de 800 – 1000 ha. En Chile un productor grande – que hay pocos – a lo más tendrá 500 a 800 mil cajas. Por otra parte, está el cambio de variedades y los peruanos han sido de decisiones más rápidas. Como buenos chilenos, hemos sido conservadores y creo que ha sido muy bueno, porque hemos podido determinar cuáles son las variedades que mejor se adaptan a nuestras diferentes zonas. Se han formado grupos como Uvanova y Novagrape, en donde participan productores cuyo interés común es intercambiar experiencias y ayudarse para ser exitosos.

¿Ese hacerlo mejor implica focalizarse en una variedad?

Han aparecido o creado más de 80 variedades de uvas entre blancas, rojas y negras. En mi opinión debemos focalizarnos en variedades blancas, nuestra concentración de uvas se produce en la segunda semana de febrero hasta fines de marzo, y en esas 10 semanas tenemos que exportar 50 – 55 millones de cajas a EE.UU. y Canadá, el consumidor en esa fecha prefiere las uvas blancas. Perú nos deja libre después de la segunda semana de febrero para rentabilizar sus resultados, pero puede que el día de mañana no les interese dejarnos esa ventana y seguirán hasta fines de febrero. Hay que mirar la competencia con respeto, los peruanos producen y trabajan muy bien, saben lo que el mercado quiere y tenemos que hacerlo mejor que ellos.

 

«El intercambio de buenas prácticas en el manejo es una forma eficiente de asociatividad sin meterse en el bolsillo del otro»

 

¿Qué le falta a Chile, entonces, para ser mejor?

En los años que llevo trabajando y los viajes que he hecho por distintos países del mundo, siempre miro uvas y uvas. Nosotros tenemos un problema en la presentación del escobajo, siempre se deshidrata y se torna café o negro. La uva puede ser muy linda en tamaño, dulce, crocante, buena de comer, pero con los días de viaje y fumigación en destino (EE.UU.), no da la apariencia de una lechuga recién cortada, por así decirlo. Ahí es donde Chile tiene que invertir, investigar, a lo mejor acortar los tiempos de tránsito, pero hoy en día con el tema de la huella de carbono, los barcos van más lentos, entonces hay varios factores que juegan en contra, por lo que tenemos que buscar que nuestro producto logre ser más atractivo para el consumidor.

¿Qué se debería tener en cuenta con otras categorías como, por ejemplo, los cítricos?

Ha habido un fuerte aumento en el consumo mundial de mandarinas y clementinas (Soft Citrus). En Latinoamérica, un actor importante y en crecimiento es Perú, le siguen Argentina, Uruguay y Colombia.

Hace 22 años mis clientes de Hong Kong me solicitaron supervisar la compra de 6 contenedores de mandarinas de la variedad Ellendale, producidas en la zona del Río Uruguay y Salto.

La apertura del mercado chino nos crea una importante oportunidad para aumentar nuestras plantaciones en la Región de Coquimbo. Si bien tenemos producciones importantes en la Región de O´Higgins, pienso que esas cosechas de junio y julio podrían juntarse con las producciones tempranas de China y Pakistán, aumentando la oferta junto a otras frutas de verano producidas en China y el Sudeste Asiático. De ahí la importancia de la diversificación de mercados.

¿Qué lugar ocupa la asociatividad para poder lograr estas mejoras?

Nunca me voy a olvidar de una frase que le escuché a Don David del Curto hace más de 40 años: “El precio de la fruta mala echa a perder el precio de la buena”, y en eso coincidimos varios. Por ejemplo, si tienes un productor con la variedad Thompson Seedless y produce un 40% de uva de tamaño mediano y 20% de color ámbar, nunca tendrá rentabilidad hoy. Si lo multiplicamos por varios productores, constituye un volumen importante en el mercado. Es ahí donde se deben asociar e intercambiar experiencias a nivel del predio para tener un producto homogéneo. No todos pueden costear un asesor privado, pero sí si lo hacen entre varios. 

Ya hay agrupaciones o comités del kiwi, arándanos, manzanas Pink Lady, entre otros. El intercambio de buenas prácticas en el manejo es una forma eficiente de asociatividad sin meterse en el bolsillo del otro. Por otra parte, no hay que olvidar que los genetistas y dueños de las variedades han hecho también su parte.

¿Cómo ve el recambio generacional y profesional dentro de la industria?

A las empresas exportadoras ya no les basta con el aporte de los agrónomos. Hoy se requiere de una plataforma con profesionales específicos para cada área y ese cambio, con gente muy joven, ya está en las empresas. En las empresas familiares, los hijos se están haciendo cargo de los puestos estratégicos, como es la relación con la producción y la exportación, clientes en el extranjero y los aspectos logísticos en origen y destino. Viajan, implementan y asumen las responsabilidades. Hoy muchas empresas tienen producciones propias importantes y hay todo un contingente de gente joven y muy preparada.

Si revisamos la industria durante estos años ¿Chile mira a la actividad agrícola como una fuente de desarrollo social?

Chile es un país que en el que el rubro de la fruticultura es el mayor demandante de mano de obra. Estamos focalizados en la exportación 100%, por lo que las regiones adquieren gran importancia. Creo que el Estado ha sido indolente en las regiones en donde el agua, en este minuto para la población, no existe. No olvidemos que cuando se requirió tecnificar el riego, se bonificaba con una cierta cantidad de dinero a los agricultores, por lo que estábamos tecnificando nuestra producción y al mismo tiempo ahorrando agua. Si bien lo sigue haciendo, hay zonas en donde el recurso es realmente escaso y se está llegando a una situación dramática para la población. En la zona de Petorca y Cabildo se hicieron plantaciones de paltos, porque era una especie muy rentable, pero sin considerar si existía o no el agua. Cuando trabajaba en la CORFO en el año 66, esa zona ya era carente de agua y después aparecen plantaciones de paltos en todos lados. En eso el Estado ha sido poco rígido.

¿Cuáles son los desafíos hoy para nuestra industria?

Creo que, al margen del agua, va a haber un momento en el que tendremos que manejar los volúmenes y va a costar, ya que tenemos una fuerte idiosincrasia fuerte española en nuestra actividad agrícola y somos muy individualistas. Va a haber una sobreoferta y estamos muy concentrados. Trabajé 25 años en comercio exterior, tuve que viajar por distintos países, y escucho mucho a la gente que habla de diversificar mercado, y sí, es una opción, pero tenemos que ir a los mercados que pagan. A lo mejor eso se da solo y va a pasar como dijo en un seminario mi amigo Arturo Miquel: “No se puede repartir la misericordia, uno tiene que regar lo que es más rentable”. Hemos sido un ejemplo para el mundo frutícola del hemisferio sur, seguimos siendo número 1, ojalá que nos logremos mantener y no tengamos estos problemas de sequía que nos están afectando y haciendo que todo sea un drama, que podamos seguir teniendo rentabilidad en nuestros campos, porque la calidad estoy seguro que la tenemos. Hay que mejorar la consistencia.

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