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Agribusiness

La tierra, un refugio para las inversiones

La tierra agrícola es un activo que ha mostrado ser resiliente a los vaivenes de la economía; al tiempo que las startups de tecnología resultan interesantes debido a su motivación por transformar el sistema agrícola y alimentario.
Destacadas Reportajes Sin categoría 22 de marzo de 2021
Por Catalina Nazal

A 2050 la población mundial será de 9 billones de habitantes, por lo que aumentar la producción de alimentos se hará imprescindible. Se suman desafíos derivados del cambio climático, de las modificaciones en las conductas de los consumidores, del desperdicio de alimentos y de los limitados recursos naturales. En ese escenario la tierra agrícola y las empresas de tecnología – que buscan transformar la cadena agroalimentaria- despiertan un creciente interés para invertir. ¿Por qué la tierra agrícola? Gustavo Cardemil, socio y director comercial de Asesorías del Agro GCA, explica que “en el mundo, y particularmente en Sudamérica, entre selvas, altas montañas, cordilleras y desiertos, la tierra agrícola arable no necesariamente es muy abundante, a lo cual hay que sumar la presión de crecimiento urbano y por supuesto el cambio climático, la falta creciente de agua en muchas regiones agrícolas. Por otro lado, el dilema de la alimentación mundial continúa”. En ese escenario enfatiza que la problemática y la máxima se hace evidente: En la escasez, hay valor. Al hablar de inversiones agrícolas es necesario referirse a la crisis sub-prime de 2008 que generó contundente evidencia de que las inversiones en el sector agroalimentario, y particularmente aquellas relacionadas a tierra agrícola, sufrieron menos que otros sectores de la economía. “Por ello, han tomado tanta importancia los fondos de inversión agrícolas o agroalimentarios. Por definición, el inversionista sabe que su dinero se invertirá en un sector real clave para la economía, estratégico para muchos países y con claros fundamentos de crecimiento sostenible en el tiempo”, especifica el asesor financiero. Detalla que los inversionistas se pueden clasificar en instituciones privadas (como fondos de capital privado), inversionistas institucionales (como fondos de pensiones o compañías de seguros), agencias gubernamentales o bancos de desarrollo, corporaciones multinacionales e inversionistas individuales o agrupados (como family offices). Añade que la contingencia sanitaria por Covid-19 “volvió a confirmar el carácter contra-cíclico del agro. El mundo debe seguir comiendo, y hoy lo desea hacer además con alimentos más sanos y de mejor calidad. Todos los gobiernos del mundo lo entendieron así, defendiendo a sus agriculturas locales, manteniendo su operatividad y fomentando su desarrollo”.

Por otro lado, los fondos de inversión agrícola son altamente especializados en su negocio, están muy bien estructurados y normados, con altos estándares productivos ambientales y de responsabilidad social empresarial. “Por ello, cuando la capacidad de endeudamiento, de gestión o el plan de sucesión de un empresario agrícola ha tocado fondo, los fondos de inversión son un buen camino para continuar con el negocio y llevarlo incluso al siguiente nivel de crecimiento y operación”, agrega Cardemil. Desde Estados Unidos, Martin Davies, presidente y CEO de Westchester Group Investment Management, administradora de fondos de inversión con 35 años de experiencia, confirma que “las tierras agrícolas han demostrado ser una inversión que entrega menor volatilidad, retornos estables y buenos ingresos anuales en el largo plazo. En ellas se producen los alimentos que satisfacen necesidades vitales de las personas y como resultado, cuando el ciclo económico pasa por una fase de recesión como la actual debido a la pandemia por Covid-19, los retornos son resilientes”.

 

“Las tierras agrícolas han demostrado ser una inversión que entrega menor volatilidad, retornos estables y buenos ingresos anuales en el largo plazo”

Martin Davies, presidente y CEO de Westchester Group Investment Management.

 

EXPERIENCIA CHILENA

José Miguel Fernández, socio fundador y gerente general de Sembrador Capital, administradora chilena de fondos de inversión agrícolas, detalla que, a diferencia de 2005, año que comenzaron a operar, en la actualidad hay entidades como fondos de pensiones que están buscando crear una categoría, lo que llaman asset class. Relata que hace un par de años decidieron enfocar Sembrador completamente hacia el asset class. Dice que ahí radica la diferencia respecto de lo que buscaban en el origen, que era apoyar a agricultores que no tenían acceso a capital. Asegura que eso se puede mantener, pero deben entender cómo es trabajar para inversionistas institucionales. Se refiere a una lógica de conservación de capital “y nosotros tenemos que hacernos cargo de ese mandato”. “Cuando eres inversionista profesional necesitas diversificar y si diversificas en aerolíneas y turismo, por ejemplo, tienes una correlación entre la aerolínea y el turismo, probablemente si se daña una se daña la otra. La correlación de la agricultura para alimentación con otras clases de activos es muy baja”, acota el ejecutivo. Explica que hay dos formas de crear valor. Una es generando márgenes, la mirada tradicional de los agricultores. La otra es ser capaz de bajar la percepción de riesgo de la creación de ese margen. “Si tengo un margen por hectárea de US$10 mil y la percepción de riesgo hace que la tasa de descuento sea del 15%, el valor presente es bien distinto si la tasa de descuento es del 7%. El valor de ese activo se duplica. Entonces, hemos estado muy enfocados a entender cuáles son esas variables que hacen que la tasa de descuento baje del 15 al 7% e implementando en el trabajo con nuestros agricultores, con nuestros asociados, todas las medidas que permiten mitigar esas variables de riesgo y que hacen que el valor del activo sea mayor”. Un tema relevante que plantea José Miguel Fernández es que sectores de la sociedad consideran a los fondos de inversión como unos “depredadores”, una idea que hay que erradicar. “Cuando debes pagar pensiones no hay nada más lejos que depredar. Quieres estar en el largo plazo para generar rentas que permitan pagar pensiones dignas, es un tema circular, que vuelve a la gente”, comenta.

LA LÓGICA ES DIVERSIFICAR

Con operaciones en Estados Unidos, Australia, Brasil, Chile, Nueva Zelanda, Polonia y Rumania, Martin Davies, menciona múltiples riesgos a considerar al momento de invertir en tierras agrícolas: Impacto del tiempo/clima, commodity o volatilidad del precio del cultivo, intervención y regulación gubernamental, riesgos operacionales, plagas y enfermedades, disponibilidad de agua, volatilidad de la divisa. “Mantenemos un riguroso enfoque para gestionar todos los riesgos existentes, pero fundamentalmente tratamos de diversificar. A nivel global gestionamos 2.2 millones de hectáreas y 43 tipos de cultivos. Al diversificar los cultivos no estamos expuestos a un solo mercado; al diversificar los países no estamos expuestos a un solo régimen político o a una sola divisa”, aclara el ejecutivo. Y entre los principales factores internos de un país a tener en cuenta están la estabilidad política, política fiscal, normas sobre las propiedades de tierra, buenos tratados comerciales, estabilidad monetaria, política de gobierno relativo a recepción de capitales e inversión extranjera. El CEO de Westchester Group estaba en Chile a fines de octubre de 2019 cuando se produjo el denominado “estallido social”. Al respecto, destaca que “trabajamos con chilenos, que viven en Chile, y si algo sucede los llamamos para saber si debemos preocuparnos o no. (Escribir la nueva constitución) es un proceso largo. Si surge un aspecto con el que no nos sintamos cómodos podría cambiar nuestra visión del país. Sin embargo, no creo que vayamos a ver cambios dramáticos. Para mí, es muy relevante mirar los tratados comerciales que Chile tiene con otros países”. Asevera que las oportunidades de invertir en Sudamérica son convincentes, para poder diversificar y capitalizar en ventanas de abastecimiento cuando la producción en el hemisferio norte no es capaz de satisfacer la demanda. Por eso dice que les gusta Chile y Perú. Destaca los cultivos de paltas, manzanas orgánicas, cerezas, cítricos, nueces y avellanas, en las regiones Metropolitana, Valparaíso, O´Higgins y del Maule. “Nos gusta Chile. Históricamente ha sido estable políticamente. Si consideras otros asuntos prácticos que son relevantes como la capacidad para hacer negocios, ha sido un país receptivo a inversiones y capital extranjero. Lo que realmente nos gusta es la diversificación, las ventanas comerciales para abastecer mercados y otras cosas más sencillas. Por ejemplo, producimos nueces en California, pero la calidad de las nueces en Chile es más alta. También cultivamos cerezas y China es un mercado donde vemos oportunidades en el largo plazo. Lo mismo ocurre con las paltas, particularmente para el mercado europeo”, comenta.

En cuanto a Perú, explica que ha visitado el país para comprender y analizar las oportunidades que allí vislumbran, y afirma que son atractivas las inversiones que se están realizando en infraestructura de riego como Chavimochic, Olmos y Majes Sigua. También el clima y las ventanas comerciales para abastecer los mercados. Sin embargo, cree que el riesgo es un poco mayor que en Chile y enfatiza que “seguiremos buscando oportunidades en el futuro”.

 

Las oportunidades de invertir en Sudamérica son convincentes, ya que permiten diversificar y capitalizar en ventanas de abastecimiento cuando la producción en el hemisferio norte no es capaz de satisfacer la demanda.

 

EL INTERÉS POR LAS EMPRESAS TECH

Dentro de los desafíos futuros, los especialistas coinciden en que se requiere hacer más eficiente la cadena agroalimentaria. Y en ello, AgFunder, tiene experiencia. Es uno de los fondos de inversión de capital de riesgo más activos en el mundo, especializados en FoodTech (tecnología de alimentos) y AgTech (tecnología agrícola). Se plantea la misión de invertir en founders que sean excepcionales, que buscan transformar el sistema agrícola y alimentario. Fue fundado en 2013 en Silicon Valley y cuenta con una filial en Singapur. Sofía Ramírez, socia adjunta de AgFunder, comenta que “estamos en toda la cadena agroalimentaria desde mejoramiento genético de semillas, tecnología de sensores, gestión de campos, desarrollo de proteínas alternativas, biología computacional y empresas que están más cerca de los consumidores, por ejemplo, Jüsto, un eGrocer mexicano que integra toda la cadena, directo desde el proveedor al consumidor”

 

Dentro de los desafíos futuros, los especialistas coinciden en que se requiere hacer más eficiente la cadena agroalimentaria.

 

Añade que “actualmente tenemos un fondo generalista que invierte en toda la cadena agroalimentaria y tenemos también el fondo de proteínas alternativas, específico para apoyar a empresas que desarrollan productos sustitutos de la carne de animal, en base por ejemplo a proteínas vegetales”. Otras startups que destacan en su lista de inversiones son Aerobotics (Sudáfrica), una plataforma de gestión de pestes que utiliza satélites y drones; Root AI (Estados Unidos), un robot con inteligencia artificial para cosecha en invernaderos; Simulate (Estados Unidos) que comercializa nuggets con sabor a pollo hechos a partir de plantas; y AlPalette (Singapur), que ayuda a empresas de alimentos a desarrollar nuevos productos utilizando inteligencia artificial. La forma de evaluar a una empresa comienza por un análisis de la oportunidad, en qué etapa está y hacia dónde va. El factor esencial es el equipo humano que la conforma. También, es importante que el producto desarrollado solucione un problema relevante del mercado y que haya un prototipo funcional. Ramírez detalla que, una vez confirmada la inversión, los apoyan con redes de contacto, soporte de mercado, entre otras cosas. “Los ayudamos a lograr las metas para que lleguen a ser el número uno en su mercado y en el mundo en lo que hacen”, explica. Los inversionistas son family offices e institucionales de distintas partes del mundo, pero especialmente de EE.UU. Cuentan también con inversionistas individuales, grandes corporaciones, que vienen de la industria agrícola buscando tecnología, como una manera de diferenciarse. Sofía Ramírez destaca que las inversiones en Latinoamérica van al alza. De acuerdo a un análisis realizado por AgFunder, el tercer trimestre de 2020 se batió un récord en AgriFoodTech en la región. Fondos de inversión de diferentes países totalizaron, en su conjunto, US$400 millones en tres empresas: La colombiana Rappi; la chilena NotCo y la brasileña Fazenda Futuro. Eso significa que un mes se duplicaron los US$200 millones invertidos en AgriFoodTech en todo 2019. Y es que el futuro de los seres humanos está intrínsecamente ligado a la tecnología, así como a la tierra, un activo que de seguro continuará generando un alto interés en las administradoras de fondos de inversión.

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