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Sustentabilidad: ¿Es realmente un compromiso, un negocio o una oportunidad?

Por Gabriel Fonzo, director Integrity S.A
Columnas 2 de diciembre de 2020

A veces resulta extraño que se hable tanto de la sustentabilidad cuando su implementación, en muchos casos, está condicionada a que no implique gastos adicionales dentro de mis costos. Desde hace mucho tiempo que existe, prácticamente en todo el mundo, la infraestructura, tecnología y sistemas para reciclar gran parte de las materias primas que utilizamos, no obstante, la recolección hoy no alcanza a llegar ni al 18%.

Lamentablemente no existe una solución maravillosa al uso de empaques que no dañe el medio ambiente (cualquiera sea el material). Todo contamina de una u otra forma, de ahí la importancia de ser conscientes del verdadero impacto de los productos que se utilizan.

El año pasado comenzó la comercialización del bioplástico, que es un plástico producido a partir de recursos renovables, y que, según estudios, el 73% de los consumidores cree que son innocuos pues, por su nombre, asumen que son biodegradables. La realidad es que, una vez que se hace el producto, funciona igual que con polietileno o PET, no se va a biodegradar. Otro ejemplo es el caso del PLA – que es un polímero compostable que se utiliza hoy como una promesa sustentable-, que, a menos que se lleve a un centro de compostaje industrial, no se va a degradar e incluso termina contaminando los procesos de reciclaje de materiales como las botellas de PET, pues no son compatibles al intentar procesarlas juntas.

Resulta lógico entonces pensar que un producto producido con 100% botellas recicladas es más sustentable que un bioplástico u otro material no reciclado, porque no genera huella de carbono ni contaminación en su proceso.

Un informe de la FAO plantea que más del 45% de las frutas y verduras se pierden desde el proceso productivo. De ellas un 25% es en el campo y post cosecha, es decir, la gran pérdida se produce desde que se empaca hasta que se consume (o no se consume). No podemos desmerecer la labor que cumple el empaque en evitar mayores pérdidas de alimentos, pero también hay mucho que se puede hacer en la reducción del contenido de plástico en ellos (reducir el peso) y en la función de extender la vida útil del producto contenido, reduciendo mermas.

Hoy como proveedores de la industria frutícola existe una oportunidad enorme para hacer de la sustentabilidad uno de los elementos claves para la creación de valor en el sector, que permita potenciar la cadena completa y hacer que la innovación en los productos sea económicamente viable, porque de todas las palabras eco – ecosistema, ecoamigable, ecológico, ecosustentable – es la que termina guiando la decisión final.

Realizar campañas de educación para resaltar que los empaques que se utilizan son reciclables, comunicar cómo se debe hacer para reutilizarlos o priorizar el uso de materias primas recicladas para fomentar que los usuarios finales vuelvan a reciclarlo, implica un compromiso real de la industria. De esta forma se puede liderar el cambio hacia una sustentabilidad que permita continuar utilizando empaques que protejan y reduzcan las pérdidas de alimentos y a la vez, que los consumidores comprendan que, como toda la cadena de valor que está detrás de ese producto es sustentable, ellos también deben comprometerse con ese cambio para que no termine con la compra del producto.

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