El gran cambio
EDITORIAL

El gran cambio


Gustavo Yentzen Wilson | Director Visión Frutícola

Verano 1932: Ole Kirk Christiansen, carpintero de Dinamarca decide emprender lanzando una empresa dedicada a la fabricación de juguetes de madera.

Una década más tarde, un incendio destruye su fábrica. Esta tragedia lleva a Christiansen a explorar nuevas tecnologías para crear juguetes. En este período de posguerra, el plástico de buena calidad está disponible por lo que decide innovar con este producto. El resto es historia: Nacen los ladrillos plásticos Lego, los cuales tienen una gran acogida dando paso a una rápida diversificación de productos y mercados con el éxito financiero consecuente.

Sin embargo, a finales de los 90, Lego reporta pérdidas por primera vez. Para 2003/2004 está al borde de la quiebra. La empresa cree haber entendido el problema: los niños se interesan cada vez menos por los juguetes clásicos. Como solución, se establecen alianzas con Star Wars y Harry Potter. El resultado no es el esperado: las ventas repuntan al estrenarse una película, pero luego caen de manera rápida. Luego de estos dos fracasos, los directores llegan a la conclusión de que el problema no estaba en que sus juguetes “no fueran suficientemente interesantes”, el problema radicaba en que “ellos” no innovaban lo suficiente. Y así, casi al borde de desaparecer, toman la decisión de reinventarse por completo.

Su apuesta fue algo completamente diferente para su rubro: la digitalización. ¿Cómo? Con múltiples estrategias como la creación de apps que complementan la experiencia de usar Legos, pero también videojuegos y mini-juegos en Internet, además del lanzamiento de películas animadas, lo que terminó siendo un game-changer. No en colaboración, sino que crearon sus propias películas, con sus propios héroes. Ninjago y Lego Movie, entre otros, lograron reencantar a niños y adultos. Con esto Lego no solo logró despegar nuevamente y generar las mayores ganancias de su historia, sino que renació entre sus cenizas, con otra “personalidad” e ímpetu, volviendo a ser una de las más grandes y reconocidas empresas de su rubro.

Para nuestra industria son tiempos complejos. Y al igual que Lego, tenemos que reinventarnos e innovar desesperadamente. Por lo general este rol recae más en las empresas que proveen insumos, tecnología o servicios – pero pocas iniciativas vienen de las empresas productoras y exportadoras. Esto muy a nuestro pesar, ya que cuando se ha apostado por la innovación, se han obtenido grandes éxitos. Un gran ejemplo en Chile es el “Cherry Express”. Hace ya algunos años, las empresas exportadoras de cerezas se dieron cuenta que una de las claves de su negocio radicaba en llegar lo más rápido posible a China. Algunas exportadoras se unieron y se sentaron con una naviera para enfrentar este desafío en conjunto. ¿El resultado? Lograron generar un nuevo esquema logístico que redujo los tiempos de tránsito marítimo entre ambos países de entre 30 y 32 días a ¡solo 22! Y gran parte del éxito de la cereza chilena hoy en día se debe a este trabajo aunado.

La solución a muchos de los problemas que enfrentamos actualmente, podría conseguirse si todos los actores nos sentamos a la mesa, dejando de lado la competencia y las diferencias, y buscamos la reinvención. La respuesta definitiva no radica únicamente en los ajustes que cada empresa pueda hacer por sí sola, sino en el gran cambio que podemos generar en conjunto. La unión sí hará la fuerza.